miércoles, 4 de diciembre de 2013

¿Me da uno?

Tengo gripe. Que mal, justo hoy quería salir a caminar, pero me duele tanto el cuerpo que prefiero estar en cama todo el día con una taza de café ¿Seré la única que toma café cuando enferma? Siempre me considere diferente.
Medio día y sigo en cama, no tengo hambre ni sed, quiero dormir pero no puedo. Estoy mirando el techo de mi habitación, es tan blanco sin ninguna imperfección. Ya no hay café, eso implica que debo levantarme para servirme otro porque aunque no tenga sed un café siempre me cae bien.
Acaba de llamarme Alessa quiere que vaya con ella de shopping, le dije que estoy con gripe y que no puedo acompañarla. Igual apareció en mi departamento a la media hora que le colgué.

-¿Qué haces así? Cámbiate se nos hará tarde-
-Te dije que no me siento bien-

Alessa siempre se caracterizó por ser una chica muy compulsiva y muy mandona, tiene una habilidad increíble para que cambies de opinión. En fin, acabo de salir de la ducha.

-Alessa estoy mojada-
-¿Qué? No me vengas con tus lesbianismos y cámbiate Emma-
-Ya mamá-

Es un día cálido lo cual me parece raro pues mi cuarto está demasiado frió. Cogí un short  y un polo blanco, zapatillas negras, una gorra, mi tan peculiar collar de guitarras, y un reloj.

-Ya estoy lista ¿vamos?-
-Huevona te odio, por más simple que te vistas te ves bien-
-Cállate y vámonos antes que me arrepienta, a todo esto ¿Qué compraras?-
-Ay no sé ahí vemos-

Caminar por Miraflores no me aburría tanto desde que salía con mi ex. Alessa entraba en todas las tiendas y en ninguna compraba siquiera una prenda, de a pocos mis ánimos cambiaron y empecé a reír con ella. Caminamos tanto que ya no sentía mis pies.
Ya estaba oscureciendo. Alessa termino sus compras, la embarque en un taxi con sus veinte bolsas, en cada una había una prenda o zapatos ¡Que locura! Era una compradora compulsiva, no le importaba el precio pero si le importaba tener ropa que ninguna otra chica podría tener.
Ya estoy mejor. Caminare por el malecón, pero primero voy a comprar un café. No traje mi Ipod, tendré que caminar escuchando al mundo. Ya tengo mi café.

“La gente pasa y pasa siempre tan igual”
“La calle es una selva de cemento”

¡FÍJATE POR DONDE CAMINAS IDIOTA! Nunca faltan los apurados hijos de papi que caminan corriendo sin importarles el resto. Mejor no reniego. Ya llegue al malecón, es tan tranquilo y  frió aquí. Me siento un bicho raro caminando sola con tantas parejas abrazadas y con todas esas chicas mirándome como una amenaza  «Por favor flaquita si quisiera bajarme a tu novio hace rato lo hubiera hecho»  Me canse, ahora a buscar una banca que este sola para sentarme un rato y luego ir a casa. Tengo frió.
Hasta ahora no veo ni una banca libre. Espera, ahí hay una. Se acaba de sentar un hombre, en fin está solo y yo también me sentare igual. Sentía nuevamente ese malestar en mi cuerpo. El hombre prendió un cigarro.

-¿Me da uno?-

No me respondió ¿habrá pensado que lo quiero violar o robar? Me desparrame en el asiento, levante la cabeza para mirar las estrellas «Que bonitas» susurre.

-Sí, lo son-

Hice lo mismo que él y guarde silencio. Lo mire de reojo, llevaba puesto un saco negro. Prendió otro cigarro.

-¿Quería uno verdad?-
-¿Me lo darás?-
-Sí, ten-
-Gracias-

No hablamos más. Terminamos de fumar al mismo tiempo.

-Bueno ya me voy, espero que te haya gustado el cigarro-
-Si gracias, cuídate-
-¿También te vas?-
-Si-
-¿Te jalo por ahí?-
-¿Eres un violador, secuestrador o algo parecido?-
-No-
-Ok vamos-
-¿Siempre eres así?-
-¿Cómo?-
-Tan confiada-
-No lo soy-
-Y porque aceptas que te lleve a tu casa-
-Por qué me caes bien-
-¿Así de simple?-
-Ajá. Así de simple-

Tengo frió. Cruce los brazos como una tonta estrategia para calentarme un poco. Mientras caminábamos las parejas nos quedaban mirando, inclusive escuche a una señora que paso por mi costado diciendo: “Que lindos padre e hija”. Lo cual no me gusto, no era mi papá y recién lo había conocido.

-Piensan que eres mi hija-

Nos detuvimos un rato a mirar el mar, bueno lo poco que se veía, sentir la brisa es una de mis cosas favoritas. Lástima que no traje mi Ipod. Cerré los ojos.

-Qué lindo te pierdes-
-¿Me pierdo?-
-Si, en tus pensamientos ¿Eso haces no?-
-La verdad no, solo cierro mis ojos para sentir que estoy sola-

Me quede mirando sus ojos, no tiene mucho cabello pero tampoco calvo, una barba que dejaba ver una que otra canita y definitivamente es más alto que yo. En realidad casi todas las personas que conozco son más altas que yo. Pero lo mejor viene en frasco pequeño, dicen.
Seguimos caminando y ahora entendía porque nos quedaban mirando, en realidad si parecía mi papá era mucho mayor, cuarentón seguro, me da vergüenza preguntarle ni siquiera sé su nombre. Tengo frió, volví a cruzar los brazos. Parece que se dio cuenta porque se quitó el saco y me lo dio, yo me lo puse, me quedaba como un vestido, un raro y grande vestido. Me gusto.

-Gracias, no te hubieras molestado-
-No te preocupes, ahí está mi carro ¿Dónde me dijiste que vivías?-
-No te lo dije-
-Cierto. No se te va ni una-
-Si cambiaste de idea, puedo irme sola-
-No, vamos… ¿Cómo me dijiste que te llamabas?-
-Tampoco te lo dije-
-Eres muy especial-
-Lo sé-
-Soy Guillermo-
-Yo Emma-
-Muchos gusto Emma-

Llegue a casa. Me siento muy cansada, el malestar vuelve, que aburrido sentirse así. Me serviré un café. Guillermo se fue pero se olvidó su saco negro. Lo hice subir, como agradecimiento le di una pintura que yo misma hice y mi tarjeta, nada especial. Me cae bien. Iré a la ducha.

Cuatro llamadas pérdidas. Una ya no se puede bañar sin que la estén llamando ¿Quién será? Mejor lo apago. Me voy a dormir.

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