sábado, 29 de noviembre de 2014

Un cubo de hielo bajo el inmenso sol

Han pasado tres meses desde la última vez que vi a Guillermo. Nuestro paseo a la playa fue algo que no olvidaré, y me gustaría volver… pero sola, sin él.

Llegamos al camper que tiene en Punta Hermosa, es grande, muy espaciosa, parece una casa, tiene dos baños, la habitación principal, dos habitaciones extras donde duermen el pequeño Flavio y sus abuelos…mis suegros, una cocina más grande que mi baño; cada cuarto tiene un televisor e Internet ¡Ah! y una carpa afuera por si alguien quiere desconectarse de todos esos lujos.

-Podemos dormir en la carpa si quieres- dijo Guillermo

Alcé la mirada hacía sus ojos cafés, estaban hirviendo, y me di cuenta que dormir no estaba en sus planes.

-¿Por qué no?  Y miramos las estrellas con el bebe- dije, matando todo tipo de ilusión.

Sus ojos se entibiaron. Saqué mi ropa de la pequeña maleta que había llevado. Guillermo entro al cuarto y se tiró en la cama, algo así como "un saco de papas" me reí de solo imaginarlo.

-¿Qué es tan gracioso?- preguntó
-Nada- dije, y seguí acomodando la ropa.
-¿Por qué has traído tanta ropa?
-Para... ¿estar limpia?-
-Emma, es la playa, no un club, puedes estar en ropa de baño todo el día y noche si quisieras-
-Lo sé, pero tu hijo está con nosotros-
-Eres muy cuidadosa ¿no?-
-No, pero tampoco quiero darle una mala imagen a Flavio-
-Esta bien. Hoy haremos una fogata-
-¿En serio?- dije sorprendida
-Si ¿no te gustan?-
-Eh... si, claro-
-"Eh...si, claro" no era la respuesta que esperaba-
-Perdón es solo que nunca hice una fogata o estuve cerca de una-
-¡Genial!-
-¿Qué?-
-Sí, es genial que sea tu primera vez en una fogata, más si es conmigo- dijo y guiñó un ojo

Salió de la habitación tarareando una canción, lo note feliz. Aún no tenía en claro que papel protagonizaba en este paseo a la playa, me sentí bajo el reflector varias veces, más cuando María lo llamaba para preguntar por Flavio.

Me puse un bikini blanco, mis pechos parecían salirse de el y mi poto se veía más grande de lo normal, me puse el pareo en forma de vestido, amarre mi cabello y salí descalza del camper. Guillermo estaba jugando con Flavio, hacían castillos de arena, yo me quedé viendo esa escena de lejos, padre e hijo, busque mi cámara y les tome muchas fotos – se las enseñaré en la fogata – susurré.

Decidí dejarlos jugar. Caminé por la orilla sintiendo el mar en mis pies, la brisa en mi cara, me sentí en casa, aunque no soy de ir a la playa, ese ambiente era perfecto para mí. Cerré los ojos para sentir con cada uno de mis sentidos el lugar. Guillermo me saco del trance abrazándome por detrás, podía sentir con mis manos sus grandes y peludos brazos, sus labios recorrían mi cuello con tiernos y pequeños besos, con cada uno de ellos me apegaba más a él, me deje llevar por un instante.

-Estas muy tapada ¿No tienes calor?-me dijo al oído
-Un poco…-respondí casi sin aliento
-Vamos a quitarte esto-

Coloco mi cabello a un lado y de un tirón dejó caer el pareo.

-Me gustas con el cabello suelto-

Me quitó la liga y la lanzó al mar, mi cabello cayó de tal forma que tapaba mis pechos.

-No más ligas señorita-

No podía dejar de mirarlo, puse mis manos sobre su pecho, él sujetó una y entendí la invitación.

-Flavio se fue a jugar con unos amigos- dijo

Mi corazón latía cada vez más fuerte, su voz, sus caricias, todo él hacía que mi cuerpo experimentará nuevas sensaciones. Me puso frente a la cama.

-Cuando te vi en la orilla, solo podía pensar en estar a solas contigo-

No podía decir palabra alguna, me sentía como hipnotizada.

-Solo déjate llevar Emma-

Y así fue, dejé que fuese mi titiritero, me controlaba con las yemas de sus dedos, mi piel se erizaba cada vez que sus labios besaban mi espalda o cuando me susurraba algo al oído. Inclino suavemente mi cuerpo y me despojó de todo – Emma…– susurró, sus manos jaloneaban mi cabello, yo no podía resistir el impulso de gemir, y comenzamos a enredarnos entre las sábanas. 

Cuando acabamos sentí que había bajado 5 kilos, estábamos llenos de sudor, asqueroso ahora que lo pienso, pero muy placentero en ese momento. Fui a la ducha y me quite toda la energía sexual que tenía encima, una suave sonrisa se dibujó en mi rostro cuando Guillermo me dijo “amor” – ¿Ese es mi papel en este paseo? – Pensé.

Las gotas de agua dejaron de caer y la tranquilidad desapareció. Guillermo estaba fuera del camper gritando, enojado.

-¡ESCUCHAME!... ¡NO PUEDES HACER ESO!... MA… CALMATE- alcancé a escuchar.

Me puse un polo largo y un short,  salí y él estaba furioso, tiró el celular contra el camper, se rompió.

-¿Pasa algo?- pregunté de manera delicada
-¡NADA EMMA!- gritó
-No sé qué problemas tienes, y sinceramente no quiero estar en medio de ellos, venir fue un error-

Si él estaba molesto, yo estaba furiosa. Empacar la poca ropa que saqué me tomó menos de un minuto. Guillermo seguía enojado, me vio salir y ni siquiera pudo disimular el alivio que sentía al verme marchar.

Llegué a la carretera con la esperanza de conseguir un taxi, un Audi negro se estacionó frente a mí, la luna trasera se bajó, me sentí un cubo de hielo bajo el inmenso sol cuando me di cuenta que la mujer que estaba dentro del carro era María.