Guillermo yacía sobre las sábanas
blancas y húmedas por el sudor de nuestros cuerpos, esa descarga de energía con la que hicimos el amor es inexplicable, la
desesperación por sentir que puede perderme por un joven hombre de ojos oscuros
lo volvía loco, loco de amor y deseo.
Me
puse la bata de baño y fui a la puerta.
-¿Quién
toca?-
-Emma
soy Alessa abre, tenemos que hablar-
Mierda.
Alessa y sus visitas inesperadas. No podía abrirle, tenía a un hombre desnudo y
sudoroso sobre mi cama, sin mencionar que es mucho mayor que yo.
-¿Emma?
Ábreme-
-No…-
-¿No?
Emma ¿estás bien?-
-Sí,
solo que… no puedo abrirte-
-¿Por
qué? ¿Qué pasa? Me estas asustando-
-Alessa
hablamos otro día o te llamo más tarde ¿ya? Debo alistarme para el trabajo-
-Estas
rara ¿Segura que no tienes nada?-
-Si
amiga, estoy bien, te llamo luego-
-Está
bien espero tu llamada, cuídate-
Apoye
la cabeza en la puerta, di gracias porque Alessa no hizo más preguntas. Me
acomode el cabello y volví al cuarto. Guillermo ya no estaba en la cama, un
poco de vapor salía del baño, entre sin hacer ruido. Bueno, eso creía.
-¿Quién
era?-
-Alessa-
-¿Qué
quería?-
-Decirme
algo-
-¿Qué
cosa?-
-No
sé, le dije que la llamaré más tarde-
-ok
¿Vienes?-
-¿Qué?-
-Ven,
báñate conmigo-
No
pude resistirme a semejante propuesta, deje caer la bata, abrí la cortina del
baño tímidamente por una esquina, Guillermo se estaba jabonando. Me extendió la
mano y de un tirón me apegó a él, podía sentirlo, tibio y mojado.
Me
gusta sentir el aire en el rostro. El carro de Guillermo tiene un aroma
peculiar, puedo sentir la mezcla de tabaco, de algún perfume caro y menta, me
intrigaba pensar que era lo que tenía planeado para hoy – Todo el día juntos –
bailaba en mi cabeza esa idea y una sonrisa tonta se dibujó en mi rostro. Luz
roja. Un Toyota se paró al lado del Volvo de Guillermo, era una mujer, de
cabello castaño, me recordó a su ex esposa o su actual novia, la sonrisa desapareció
y en mis pensamientos pesaba cada palabra de esa maldita carta. Solté la mano
de Guillermo y la puse sobre mi regazo, baje la mirada y empecé a jugar con el
anillo.
-¿Pasa
algo?- preguntó
-La
carta…- murmure
-¿Carta?
¿Qué carta?-
Oh
mi Dios, llegó el momento de hablar sobre esa carta.
-Estaciónate-
dije en tono seco
Guillermo
obedeció, se estaciono en el primer lugar que encontró.
-Bien.
Ahora dime- dijo mientras se quitaba el cinturón
No
estaba segura si decirle lo de la carta, ya era el momento, pero una parte de mí
no quería arruinar el día, nuestro día.
-Emma
di algo ¿Por qué callas?- dijo alterado
-Leí
la carta- grite
-¿Qué
carta?-
-El
mensaje que te envió tu esposa-
Dejo
de mirarme, volvió a su lugar mirando el timón, sin decir una sola palabra. El
silencio se apodero de nosotros por varios minutos. Antes de que pudiera
reclamarle, hablo.
-Te
llevo a tu casa, ponte el cinturón-
Lo
mire extrañada. Se acomodó el cabello, movió la cabeza de un lado a otro sin
dejar de mirar el timón, bajo las lunas, se puso el cinturón y prendió el carro.
Yo lo miraba de reojo, esperaba a que me dijera algo, intente sujetar la mano
que tenía sobre la palanca de cambios, él la retiró rápidamente y la puso sobre
el timón, mi mano se quedó ahí, en el aire, Guillermo nunca me había hecho ese
tipo de desplantes, sin duda la noticia lo molesto y mucho. Dio una vista atrás
para dar el retroceso, solo ahí me miro, volvió a su lugar.
-Ponte
el cinturón ¿Qué esperas?- dijo en tono molesto
Estuve
a punto de hacerle caso cuando me di cuenta que si lo hacía arrancaría y sin
más me dejaría en mi casa sin decirme una sola palabra.
-Dime-
le dije
-¿Qué?-
-¿Regresaste
con ella?-
-Hablamos
otro día de eso Emma-
-No
Guillermo el momento de hablarlo es ahora, dime-
-Si-
-Si
¿Qué? Guillermo-
-Si
Emma, regrese con ella, ponte el cinturón-
Me
quede helada pero no impresionada por lo
que me dijo, solo me confirmó lo que ya sabía, no dije ninguna otra palabra, él
tampoco. Se estacionó frente a mi casa.
-Te
llamo luego preciosa- dijo tiernamente
-Se
supone que pasaríamos todo el día juntos- respondí
-Sí,
pero debo arreglar un asunto-
-¿Con
María?-
Sus
ojos se abrieron de la sorpresa.
-¿Cómo
sabes su nombre?-
-El
mensaje ¿recuerdas?-
-Cierto,
te llamo luego-
Baje
del carro convencida de que no volvería a llamar, lo notaba en su voz, en su
mirar, en la manera en como reaccionó al saber que leí esa carta, mi corazón rechazaba
esa idea. Entre a mi departamento, todo estaba igual, las sabanas revoloteadas,
la ropa en el suelo, el baño desordenado.
Cuando
por fin termine de ordenar decidí llamar a Alessa, no tenía ánimos de nada,
pero necesitaba hablar con alguien. Recordé que apague mi teléfono y lo puse en
la mesa de noche junto al de Guillermo – ¡Comprobado! No volverá a llamar – me dije
a mi misma mientras prendía los celulares. Mis ojos se humedecieron. Revise mis
mensajes, nada nuevo, llame a Alessa, la cite en un café de Miraflores.
Regrese
a mi casa cansada de pensamientos. Alessa me hablaba de todo y yo no podía dejar
de pensar en Guillermo, del café nos fuimos por un trago, pedí el más fuerte
que tenían del cual no recuerdo ni el nombre. Tire las llaves al sofá de cuero
y recordé la cortina. Estaba ebria, muy ebria, empecé a bailar mientras me
quitaba la ropa. Desnuda me posé sobre la cama mirando el techo, cerré los
ojos, me dormí.
El
teléfono empezó a sonar.
-Cuatro
de la mañana ¿Quién es tan inhumano como para llamar a esta hora?-
Busque
el teléfono en la oscuridad, seguía alborotada por el alcohol, palpe la mesa de
noche, lo encontré.
-¿Aló?-
dije bostezando
-¿Si?- Era la voz de una mujer
-¿Alessa?-
-No.
Soy María-
-Hola
María creo que te has equivocado de número, si me disculpas quiero seguir durmiendo-
-No,
perdón pero no creo que me haya equivocado-
-Pues
yo creo que sí, dime ¿a quién buscas?-
-A
mi esposo-
-Ves,
te has equivocado, yo soy una mujer y aquí no vive nadie más que yo-
-Pero...-
Suena
el timbre desesperadamente.
-Mira
que maravilla no eres la única loca que molesta a esta hora-
-¿Loca?-
-Ya
va, ya va ¿Quién es?-
-Emma
abre-
-¿Guillermo?-
-Es
mi esposo-
Abro
la puerta.
-¿Tu
esposo?-
-¿Qué
haces con mi teléfono Emma?-
-¿Tu
teléfono? Es mi teléfono, me ha llamado una loca preguntando por su esposo-
-Ese
es mi teléfono Emma-
-¿Qué?-
Mierda,
me equivoque.
-¿Con
quién hablo?- pregunte
-Soy
Maria Vargas-
-Sí, tienes razón es para ti- dije dándole el teléfono a Guillermo mientras me
apoyaba en el marco de la puerta, desnuda, ebria y media dormida.