miércoles, 17 de diciembre de 2014

Dama alturada

La mujer del cabello castaño ondeando, tenía puestos unos lentes negros de sol, y aunque tuviera una máscara de hierro, podía sentir como sus ojos me miraban fijos, serios, con odio. Un colectivo paró detrás del Audi, quería moverme, algo me detenía –No puede intimidarme de nuevo– pensé

Alcé la mano para parar el colectivo, sin tener idea si iba a donde yo quería ir. Solo quería salir de ese lugar.

-Emma…-

Mi piel se erizó, esa mujer sabía mi nombre.  Baje la mirada, podía verme por el reflejo de sus lentes. Lanzó una sonrisa burlona.

-Hola, Emma- insistió

Disimuladamente le escribía un mensaje a Guillermo para que me ayudase. No lo envíe. Decidí pelear esto sola.

-Hola señora- respondí

Su arrogancia cambió por molestia. Entonces me di cuenta que tenía algo con que sacarla de su imagen de dama alturada.

-Mi marido y la tan peculiar pero común manera de seducir mujeres, traerte al camper ¿qué pasó? ¿No quería gastar en un hotel fino? A mí me llevó a Miami, al mejor hotel debo decir-

Quería insultarla, ganas no me faltaban de mandarla a la ... lejos. Me controle, no podía, no conseguiría volverme loca.

- ¡Ah sí! El hotel en Miami, de eso hablamos la semana pasada en su cama- Podía escuchar como rechinaban sus dientes de rabia - Mientras me enseñaba los papeles de divorcio de hace ya dos años- agregué.

Se quitó los lentes negros de sol y me fulminó con sus ojos azules como el mar. No le quitaba los ojos de encima. Bajó del carro y se paró de manera desafiante. Mi teléfono sonó. Una sonrisa se posó en mi rostro cuando reconocí el tono de llamada, contesté y lo puse en alta voz.

-Guillermo-
-Emma ¿dónde estás?-
-En la carretera, me encontré con una VIEJA amiga- no dejaba de mirarla.
-¿Sigues en la carretera?-
-Sí. Cariño- lancé una sonrisa ganadora
-Voy para allá preciosa-

Colgué. María ya no tenía los ojos como el mar, sus ojos parecían dos desiertos, secos por la rabia de saber que Guillermo me quería a mí, o eso le hacía pensar.

Miré el colectivo y negué con la cabeza. María no se movía de su pose desafiante, parecía una estatua, una delgada y fina estatua. Permanecimos en silencio y sin movernos bajo el inmenso sol, pude darme cuenta de las arrugas que tenía, debe de llevarme unos 20 o 25 años, pero es de esas mujeres que aunque envejecen se ven bien: con toda la ropa de diseñador que llevan encima y los kilos de maquillaje que tapan más arrugas de las que se pueden ver, tacos altos y cabello bien teñido.

Yo me contento con llevar puestas unas zapatillas,  un short y un polo, a veces ni me peino - ¿será por esa sencillez que le gusto a Guillermo? O solo por ser más joven que ella...- miles de incógnitas paseaban por mi cabeza sin tener respuesta a alguna de ellas.

Miré el reloj, habían pasado ya cinco minutos desde que llamó Guillermo, si el sexo me había hecho bajar 5 kilos, estando parada baje 10 y saqué piernas. Podía ver la silueta de Guillermo a lo lejos. Mi corazón palpitaba tan fuerte que parecía salirse de mi pecho.

-¡Emma!- gritó Guillermo

María abrió los ojos de impresión, yo sonreía victoriosa, había ganado esta batalla.

sábado, 29 de noviembre de 2014

Un cubo de hielo bajo el inmenso sol

Han pasado tres meses desde la última vez que vi a Guillermo. Nuestro paseo a la playa fue algo que no olvidaré, y me gustaría volver… pero sola, sin él.

Llegamos al camper que tiene en Punta Hermosa, es grande, muy espaciosa, parece una casa, tiene dos baños, la habitación principal, dos habitaciones extras donde duermen el pequeño Flavio y sus abuelos…mis suegros, una cocina más grande que mi baño; cada cuarto tiene un televisor e Internet ¡Ah! y una carpa afuera por si alguien quiere desconectarse de todos esos lujos.

-Podemos dormir en la carpa si quieres- dijo Guillermo

Alcé la mirada hacía sus ojos cafés, estaban hirviendo, y me di cuenta que dormir no estaba en sus planes.

-¿Por qué no?  Y miramos las estrellas con el bebe- dije, matando todo tipo de ilusión.

Sus ojos se entibiaron. Saqué mi ropa de la pequeña maleta que había llevado. Guillermo entro al cuarto y se tiró en la cama, algo así como "un saco de papas" me reí de solo imaginarlo.

-¿Qué es tan gracioso?- preguntó
-Nada- dije, y seguí acomodando la ropa.
-¿Por qué has traído tanta ropa?
-Para... ¿estar limpia?-
-Emma, es la playa, no un club, puedes estar en ropa de baño todo el día y noche si quisieras-
-Lo sé, pero tu hijo está con nosotros-
-Eres muy cuidadosa ¿no?-
-No, pero tampoco quiero darle una mala imagen a Flavio-
-Esta bien. Hoy haremos una fogata-
-¿En serio?- dije sorprendida
-Si ¿no te gustan?-
-Eh... si, claro-
-"Eh...si, claro" no era la respuesta que esperaba-
-Perdón es solo que nunca hice una fogata o estuve cerca de una-
-¡Genial!-
-¿Qué?-
-Sí, es genial que sea tu primera vez en una fogata, más si es conmigo- dijo y guiñó un ojo

Salió de la habitación tarareando una canción, lo note feliz. Aún no tenía en claro que papel protagonizaba en este paseo a la playa, me sentí bajo el reflector varias veces, más cuando María lo llamaba para preguntar por Flavio.

Me puse un bikini blanco, mis pechos parecían salirse de el y mi poto se veía más grande de lo normal, me puse el pareo en forma de vestido, amarre mi cabello y salí descalza del camper. Guillermo estaba jugando con Flavio, hacían castillos de arena, yo me quedé viendo esa escena de lejos, padre e hijo, busque mi cámara y les tome muchas fotos – se las enseñaré en la fogata – susurré.

Decidí dejarlos jugar. Caminé por la orilla sintiendo el mar en mis pies, la brisa en mi cara, me sentí en casa, aunque no soy de ir a la playa, ese ambiente era perfecto para mí. Cerré los ojos para sentir con cada uno de mis sentidos el lugar. Guillermo me saco del trance abrazándome por detrás, podía sentir con mis manos sus grandes y peludos brazos, sus labios recorrían mi cuello con tiernos y pequeños besos, con cada uno de ellos me apegaba más a él, me deje llevar por un instante.

-Estas muy tapada ¿No tienes calor?-me dijo al oído
-Un poco…-respondí casi sin aliento
-Vamos a quitarte esto-

Coloco mi cabello a un lado y de un tirón dejó caer el pareo.

-Me gustas con el cabello suelto-

Me quitó la liga y la lanzó al mar, mi cabello cayó de tal forma que tapaba mis pechos.

-No más ligas señorita-

No podía dejar de mirarlo, puse mis manos sobre su pecho, él sujetó una y entendí la invitación.

-Flavio se fue a jugar con unos amigos- dijo

Mi corazón latía cada vez más fuerte, su voz, sus caricias, todo él hacía que mi cuerpo experimentará nuevas sensaciones. Me puso frente a la cama.

-Cuando te vi en la orilla, solo podía pensar en estar a solas contigo-

No podía decir palabra alguna, me sentía como hipnotizada.

-Solo déjate llevar Emma-

Y así fue, dejé que fuese mi titiritero, me controlaba con las yemas de sus dedos, mi piel se erizaba cada vez que sus labios besaban mi espalda o cuando me susurraba algo al oído. Inclino suavemente mi cuerpo y me despojó de todo – Emma…– susurró, sus manos jaloneaban mi cabello, yo no podía resistir el impulso de gemir, y comenzamos a enredarnos entre las sábanas. 

Cuando acabamos sentí que había bajado 5 kilos, estábamos llenos de sudor, asqueroso ahora que lo pienso, pero muy placentero en ese momento. Fui a la ducha y me quite toda la energía sexual que tenía encima, una suave sonrisa se dibujó en mi rostro cuando Guillermo me dijo “amor” – ¿Ese es mi papel en este paseo? – Pensé.

Las gotas de agua dejaron de caer y la tranquilidad desapareció. Guillermo estaba fuera del camper gritando, enojado.

-¡ESCUCHAME!... ¡NO PUEDES HACER ESO!... MA… CALMATE- alcancé a escuchar.

Me puse un polo largo y un short,  salí y él estaba furioso, tiró el celular contra el camper, se rompió.

-¿Pasa algo?- pregunté de manera delicada
-¡NADA EMMA!- gritó
-No sé qué problemas tienes, y sinceramente no quiero estar en medio de ellos, venir fue un error-

Si él estaba molesto, yo estaba furiosa. Empacar la poca ropa que saqué me tomó menos de un minuto. Guillermo seguía enojado, me vio salir y ni siquiera pudo disimular el alivio que sentía al verme marchar.

Llegué a la carretera con la esperanza de conseguir un taxi, un Audi negro se estacionó frente a mí, la luna trasera se bajó, me sentí un cubo de hielo bajo el inmenso sol cuando me di cuenta que la mujer que estaba dentro del carro era María.

jueves, 28 de agosto de 2014

Como la primera vez

Guillermo se quedó mirándome como si nunca me hubiera visto borracha, bueno, nunca me vio así, no tengo idea de cuantos tragos me tome con Alessa ni de como llegué a mi casa.

-Te llamo luego- dijo y colgó.
-Eso también me dijiste a mí y no lo hiciste, mentirosillo- empecé a reír
-Emma ¿estas ebria?-
-¿Yo? No ¿tú sí?-

Se quitó el saco y me cubrió, sus grandes y peludos brazos me abrigaron, con delicadeza me echo en la cama.

-Estoy bien déjame- dije molesta -Ya puede irse señor De Las Casas su mujer lo espera-
-Te serviré un café-
-No quiero nada, solo vete y déjame. Ya lo hiciste esta mañana no te costará hacerlo de nuevo-

Abrace la almohada mientras me abrigada con el saco de Guillermo el cual llevaba su perfume, cerré los ojos un momento. Guillermo me despertó de nuevo.

-Tomate el café Emma-
-No, déjame dormir-

Le di la espalda, me quedé profundamente dormida.

Al despertar me doy con la sorpresa de que Guillermo dormía en el sofá de cuero, no pude evitar sonreír pícaramente al recordar la cortina. Sin hacer mucho ruido prendí la cafetera, aún tenia puesto el saco de Guillermo, me senté en el suelo e intentaba recordar que cosas le dije a María, mil preguntas pasaron por mi cabeza, el sonido de la cafetera me devolvió a la cocina, me levante y Guillermo ya no estaba en el sofá de cuero – ¿Se habrá ido? – Me pregunte.

Escuche caer el agua de la ducha y eso me devolvió la tranquilidad, pensé que se había ido sin decirme nada, sin poder tener la oportunidad de explicarle lo que paso, aunque sabía muy bien que no tenía ni una sola buena excusa. Preparé dos cafés: Uno amargo y otro con leche. Así estamos esta mañana. Él imponiendo autoridad y, yo ligera, lista para defenderme pero dispuesta a renunciar a una posible victoria ante él.

Lleve los cafés a la cama, un escenario en donde ambos ganaríamos si quisiéramos reclamar algún tipo de premio. Cuando el agua dejo de caer mi corazón se detuvo por un instante, llegó la hora de enfrentarlo, de mirarlo a los ojos y decirle que lo sentía, que no era mi intención decirle lo que dije a María (aunque desconocía mis palabras de anoche). La puerta del baño se abrió y Guillermo salió con la toalla en la cintura, este hombre podía dejarme con la boca abierta sin hacer un esfuerzo, le di su café y se sentó a la orilla de la cama, sentía su distancia, no podía mantener la mirada. Se supone que la que debería no mirarlo o hablarle era yo, no él.

-Emma…- dijo en tono de susurro.
-Antes de que me digas algo, quiero disculparme por lo que paso anoche- lo interrumpí
-¿Te acuerdas de lo que pasó?-
-Siendo sincera no, por eso me disculpo, he de haber hecho algo muy feo para no acordarme-
-O haz debido de estar muy borracha-
-También-
-No quiero hablar de lo paso anoche. Ni en la tarde de ayer. Simplemente quiero olvidar que hubo un ayer-

Qué quería decir con “olvidar que hubo un ayer” ¿Se arrepiente de haber empezado algo conmigo? ¿Ya no quiere saber nada de su esposa? ¿Lo volveré a ver después de esto? Me quede mirándolo por varios segundos, confundida, sin saber que decir.

-Me gusta cuando te pierdes de esa manera, me recuerdas a la hermosa chica que conocí una noche mirando las estrellas-

La imagen de él en esa noche paso por mi mente como una fotografía. Lo recordaba, nos recordaba.

-¿Ahora no te parezco hermosa?- pregunte
-Siempre me parecerás hermosa-
-¿Borracha también?-
- jajaja Borracha aún más pequeña- me guiño el ojo

No mencionó a María, lo cual me pareció muy raro, se supone que había vuelto con ella. Pero esta mañana estaba conmigo, tomando un café semidesnudo en la orilla de mi cama. No vi prudente mencionar ese nombre, no por ahora si quería llevar la fiesta en paz. Guillermo se terminaba su café, yo me levanté y dejé mi taza en el lavadero, me  quité el saco y lo guarde en el ropero, pasé desnuda al costado de Guillermo para ir al baño, él seguía tomando su café.

Cuando salí del baño él ya estaba cambiado, listo para irse, lo mire e hice como si no estuviera, ya debía acostumbrarme a su ausencia. Me puse un jean y una polera, agarre mi celular, estuve a punto de llamar a Alessa.

-¿Ya estas lista?- preguntó Guillermo
-¿Lista? ¿Para qué?- pregunte muy intrigada
-Pensaba llevar a Flavio a comer y luego a la playa para que camine un rato ¿nos acompañas?-

Una ridícula sonrisa se apodero de mi rostro, no creía lo que acababa de escuchar, quería que lo acompañara a pasear con su hijo. Una chispa de felicidad recorrió mi cuerpo, sin pensarlo dos veces le dije que sí.

Subimos a su carro y recogimos a Flavio de la casa de sus papás, la mamá de Guillermo me miro seria, podía sentir como su mirada penetraba mis capas de felicidad, su papá por otro lado me sonrió y me habló como si me conociera de años. Flavio subió al carro y me dio un gran beso en la mejilla, me mostró los juguetes que había escogido para jugar en la playa. Eran demasiados.

-¿Te quedaras con nosotros toda la semana?- preguntó inocentemente
-¿Toda la semana? No lo sé- le respondí con dulzura pero más confundida que nunca, Guillermo no dijo que se quedarían toda la semana, pensaba en ir por mi carro para regresarme en la noche y no malograrle el paseo al pequeño Flavio.

Guillermo termino de conversar con sus papás, desde el carro podía ver la cara de molestia de su mamá y a su papá tratando de calmarla. Guillermo se despidió con un beso de su mamá y con un abrazo cómplice de su papá. Subió con una mirada de aventurero.

-¿Estás listo campeón?- le pregunto con entusiasmo  a Flavio
- ¡Sí!- respondió rebozando de alegría

Yo lo mire esperando a que me dijera algo. Encendió el carro y empezamos a movernos.

-¿Podríamos pasar por mi casa?- pregunte tímidamente
-¿No te quedaras con nosotros?- preguntó Flavio
-Si ¿No te quedaras con nosotros?- preguntó Guillermo

Lo mire sorprendida sin entender lo que me insinuaba.

-Sí, iremos a la playa, pero Flavio dice que se quedaran toda la semana y pensaba ir con mi carro detrás de ti para poder regresarme más tarde-
-¿Por qué harías eso?-
-Para que estén solo ustedes dos-
-Pero nosotros queremos que te quedes toda la semana con nosotros ¿no hijo?-
-¡Si, quédate, quédate!-
-Pero…-
-Nada de peros ya está decidido, el camper  está apartado toda la semana, tenemos la carpa por si queremos dormir fuera, podemos hacer una fogata esta noche ¿Qué dices?-

No podía creer lo que escuchaba, este hombre quería pasar una semana entera conmigo y con su hijo. Toda la semana, esa idea corría por mi cabeza como si estuviera en una maratón.

-Emma ¿Qué dices?-

Parpadee varias veces, lo miré, sonreí y con la vista en la carretera le respondí:

-No, no puedo-
-¿Por qué?- respondió asustado
-No traigo ropa para toda la semana- respondí y lo miré sonriendo


Los ojos de Guillermo brillaron, sus tiernos ojos cafés estaban sobre mí como la primera vez. Cuando el final de una historia y el comienzo de otra fue con un "¿Me da uno?".

viernes, 30 de mayo de 2014

Desnuda, ebria y media dormida.

Guillermo yacía sobre las sábanas blancas y húmedas por el sudor de nuestros cuerpos, esa descarga de energía  con la que hicimos el amor es inexplicable, la desesperación por sentir que puede perderme por un joven hombre de ojos oscuros lo volvía loco, loco de amor y deseo.

Me puse la bata de baño y fui a la puerta.

-¿Quién toca?-
-Emma soy Alessa abre, tenemos que hablar-

Mierda. Alessa y sus visitas inesperadas. No podía abrirle, tenía a un hombre desnudo y sudoroso sobre mi cama, sin mencionar que es mucho mayor que yo.

-¿Emma? Ábreme-
-No…-
-¿No? Emma ¿estás bien?-
-Sí, solo que… no puedo abrirte-
-¿Por qué? ¿Qué pasa? Me estas asustando-
-Alessa hablamos otro día o te llamo más tarde ¿ya? Debo alistarme para el trabajo-
-Estas rara ¿Segura que no tienes nada?-
-Si amiga, estoy bien, te llamo luego-
-Está bien espero tu llamada, cuídate-

Apoye la cabeza en la puerta, di gracias porque Alessa no hizo más preguntas. Me acomode el cabello y volví al cuarto. Guillermo ya no estaba en la cama, un poco de vapor salía del baño, entre sin hacer ruido. Bueno, eso creía.

-¿Quién era?-
-Alessa-
-¿Qué quería?-
-Decirme algo-
-¿Qué cosa?-
-No sé, le dije que la llamaré más tarde-
-ok ¿Vienes?-
-¿Qué?-
-Ven, báñate conmigo-

No pude resistirme a semejante propuesta, deje caer la bata, abrí la cortina del baño tímidamente por una esquina, Guillermo se estaba jabonando. Me extendió la mano y de un tirón me apegó a él, podía sentirlo, tibio y mojado.

Me gusta sentir el aire en el rostro. El carro de Guillermo tiene un aroma peculiar, puedo sentir la mezcla de tabaco, de algún perfume caro y menta, me intrigaba pensar que era lo que tenía planeado para hoy – Todo el día juntos – bailaba en mi cabeza esa idea y una sonrisa tonta se dibujó en mi rostro. Luz roja. Un Toyota se paró al lado del Volvo de Guillermo, era una mujer, de cabello castaño, me recordó a su ex esposa o su actual novia, la sonrisa desapareció y en mis pensamientos pesaba cada palabra de esa maldita carta. Solté la mano de Guillermo y la puse sobre mi regazo, baje la mirada y empecé a jugar con el anillo.

-¿Pasa algo?- preguntó
-La carta…- murmure
-¿Carta? ¿Qué carta?-

Oh mi Dios, llegó el momento de hablar sobre esa carta.

-Estaciónate- dije en tono seco

Guillermo obedeció, se estaciono en el primer lugar que encontró.

-Bien. Ahora dime- dijo mientras se quitaba el cinturón

No estaba segura si decirle lo de la carta, ya era el momento, pero una parte de mí no quería arruinar el día, nuestro día.

-Emma di algo ¿Por qué callas?- dijo alterado
-Leí la carta- grite
-¿Qué carta?-
-El mensaje que te envió tu esposa-

Dejo de mirarme, volvió a su lugar mirando el timón, sin decir una sola palabra. El silencio se apodero de nosotros por varios minutos. Antes de que pudiera reclamarle, hablo.

-Te llevo a tu casa, ponte el cinturón-

Lo mire extrañada. Se acomodó el cabello, movió la cabeza de un lado a otro sin dejar de mirar el timón, bajo las lunas, se puso el cinturón y prendió el carro. Yo lo miraba de reojo, esperaba a que me dijera algo, intente sujetar la mano que tenía sobre la palanca de cambios, él la retiró rápidamente y la puso sobre el timón, mi mano se quedó ahí, en el aire, Guillermo nunca me había hecho ese tipo de desplantes, sin duda la noticia lo molesto y mucho. Dio una vista atrás para dar el retroceso, solo ahí me miro, volvió a su lugar.

-Ponte el cinturón ¿Qué esperas?- dijo en tono molesto

Estuve a punto de hacerle caso cuando me di cuenta que si lo hacía arrancaría y sin más me dejaría en mi casa sin decirme una sola palabra.

-Dime- le dije
-¿Qué?-
-¿Regresaste con ella?-
-Hablamos otro día de eso Emma-
-No Guillermo el momento de hablarlo es ahora, dime-
-Si-
-Si ¿Qué? Guillermo-
-Si Emma, regrese con ella, ponte el cinturón-

Me quede helada  pero no impresionada por lo que me dijo, solo me confirmó lo que ya sabía, no dije ninguna otra palabra, él tampoco. Se estacionó frente a mi casa.

-Te llamo luego preciosa- dijo tiernamente
-Se supone que pasaríamos todo el día juntos- respondí
-Sí, pero debo arreglar un asunto-
-¿Con María?-

Sus ojos se abrieron de la sorpresa.

-¿Cómo sabes su nombre?-
-El mensaje ¿recuerdas?-
-Cierto, te llamo luego-

Baje del carro convencida de que no volvería a llamar, lo notaba en su voz, en su mirar, en la manera en como reaccionó al saber que leí esa carta, mi corazón rechazaba esa idea. Entre a mi departamento, todo estaba igual, las sabanas revoloteadas, la ropa en el suelo, el baño desordenado.

Cuando por fin termine de ordenar decidí llamar a Alessa, no tenía ánimos de nada, pero necesitaba hablar con alguien. Recordé que apague mi teléfono y lo puse en la mesa de noche junto al de Guillermo – ¡Comprobado! No volverá a llamar – me dije a mi misma mientras prendía los celulares. Mis ojos se humedecieron. Revise mis mensajes, nada nuevo, llame a Alessa, la cite en un café de Miraflores.

Regrese a mi casa cansada de pensamientos. Alessa me hablaba de todo y yo no podía dejar de pensar en Guillermo, del café nos fuimos por un trago, pedí el más fuerte que tenían del cual no recuerdo ni el nombre. Tire las llaves al sofá de cuero y recordé la cortina. Estaba ebria, muy ebria, empecé a bailar mientras me quitaba la ropa. Desnuda me posé sobre la cama mirando el techo, cerré los ojos, me dormí.

El teléfono empezó a sonar.

-Cuatro de la mañana ¿Quién es tan inhumano como para llamar a esta hora?-

Busque el teléfono en la oscuridad, seguía alborotada por el alcohol, palpe la mesa de noche, lo encontré.

-¿Aló?- dije bostezando
 -¿Si?- Era la voz de una mujer
-¿Alessa?-
-No. Soy María-
-Hola María creo que te has equivocado de número, si me disculpas quiero seguir durmiendo-
-No, perdón pero no creo que me haya equivocado-
-Pues yo creo que sí, dime ¿a quién buscas?-
-A mi esposo-
-Ves, te has equivocado, yo soy una mujer y aquí no vive nadie más que yo-
-Pero...-

Suena el timbre desesperadamente.

-Mira que maravilla no eres la única loca que molesta a esta hora-
-¿Loca?-
-Ya va, ya va ¿Quién es?-
-Emma abre-
-¿Guillermo?-
-Es mi esposo-
Abro la puerta.
-¿Tu esposo?-
-¿Qué haces con mi teléfono Emma?-
-¿Tu teléfono? Es mi teléfono, me ha llamado una loca preguntando por su esposo-
-Ese es mi teléfono Emma-
-¿Qué?-

Mierda, me equivoque.

-¿Con quién hablo?- pregunte
-Soy Maria Vargas-
-Sí, tienes razón es para ti- dije dándole el teléfono a Guillermo mientras me apoyaba en el marco de la puerta, desnuda, ebria y media dormida.

martes, 6 de mayo de 2014

Dos tazas de café amargo...

Prendí la radio, apague el teléfono de Guillermo y junto al mío lo puse en el cajón de la mesa de noche, me quité la bata camino al baño; abrace a Guillermo por detrás, acariciando su pecho, sus brazos, besando su espalda, él dejaba que mis manos recorrieran su cuerpo mientras escuchábamos Hate and love  de Jack Savoretti, volteo a verme con sus tiernos ojos cafés, me derretí.

-Me gusta esa canción-dijo
-A mí también-

Un profundo y largo beso nos mantuvo bajo las gotas de agua tibia que salían de la regadera, nuestros cuerpos estaban pegados, como imanes que no se pueden separar.

-Hoy nada nos separara- dije, mirándolo a los ojos.
-Nada ni nadie, preciosa-

Salimos de la ducha juntos, nuestras huellas de agua se quedaban en el piso de losa del baño. Empecé a secar mi cabello, desde la puerta veía como recogía su ropa, se puso el bóxer, estiro la camisa en la cama, lo mismo hizo con el pantalón. Termine de secarme el cabello.

-¿Pasa algo?-
-No… bueno si-
-¿Qué sucede?-
-La camisa-
-Ya veo, dámela la voy a planchar-
-No, como crees, yo lo haré-
-No es problema Guillermo, déjame hacerlo-
-Emma soy lo bastante grande como para planchar mi ropa, yo lo hago no te preocupes. Solo dime dónde está la plancha-
-Ok, señor grande se la voy a traer-
-No, dime dónde está yo la busco, sigue secándote, estas mojando todo el piso-  se ríe.
-Que especial se pone señor, la plancha esta en el closet, en una esquina-

Me dio un beso. Fui al baño a terminar de secarme, hice el típico ritual: cremas, loción, secadora. En la radio sonaba Todos me miran de Gloria Trevi, cantaba mientras terminaba de hacer todo el ritual.
Cuando Salí Guillermo seguía parado frente a la cama.

-¿Planchaste?-
-No encontré la plancha-
-¡Ay! Guillermo-

Camine hasta el closet.

-Aquí esta-
-¿Qué es eso?-
-Pues… es la plancha-
-¿Plancha? Sí, claro-
-Guillermo De Las Casas no me digas que nunca has visto una de estas-
-Déjeme decirte Emma Valverde que no, nunca eh visto eso, ni siquiera sé si es una plancha-
-Claro que sí. Dame tu camisa-
-¿Qué vas a hacer?-
-La voy a planchar-
-¿Con eso?-
-Sí, con esto, dámela-
-Toma-
-Mira… la camisa, el pantalón, los polos o lo que sea, lo cuelgas acá y con este cepillo planchas, es a vapor ¿ves?-
-Contigo descubro nuevas cosas, me gustas- me guiño el ojo

Mordí mi labio inferior cuando dijo – me gustas – tan solo el tono de su voz estremecía mi cuerpo. Y aunque todo parecía muy lindo, sabía que me estaba ocultando algo, y que como sea tenía que hacer que me lo diga, que me explique esa carta.

Luego de nuestro gracioso encuentro con la plancha, nos vestimos entre miradas pícaras y sonrisas confidentes. Tocan la puerta.

-¿Si?-
-Emma, soy Gabriel guapa-
-¿Gabriel?-

La mirada de Guillermo cambió, sus tiernos ojos cafés se oscurecieron, eran como dos tazas de café amargo, el más amargo del planeta. Abrí la puerta.

-Hola Gabriel-
-Emma guapa quería saber si quieres ir a cenar esta noche conmigo-
-A cenar… eh… bueno… es que…-
-Mi amor, ya estoy listo nos vamos- Interrumpió Guillermo, asomándose por la puerta y dándome un beso en la mejilla.
-Oh… ya veo que estas ocupada mmm… te veo otro día mejor, cuídate-
-Chau Gabriel- dijo en forma irónica Guillermo.

Cerré la puerta. Me dio pena el pobre chico, sé que quizás yo le he dado ‘alas’ para que piense que estoy interesada en él, pero ahora Guillermo tenía toda mi atención. Cuando voltee a verlo estaba sentado en el sofá de cuero, el mismo en el que hace unas horas yo tenía la situación bajo mi control y él no podía hacer nada más que solo sentir.

Ahora él tenía el control de la situación, veía la amargura en su rostro, la incomodidad de que aquel joven llamara a mi puerta para preguntarme si quería ir a cenar con él. Yo no tenía que darle ninguna explicación, pues Guillermo me ocultaba algo, me ocultaba a su ex, la carta... pero si le decía que había leído la carta me vería como una stalker-obsesiva-compulsiva, no podía permitirme eso. Estaba nerviosa.

-¿A cenar?- dijo disgustado.

No respondí, me quedé quieta frente a él mirando el suelo, recordé mis épocas de chibola, cuando mis padres me regañaban por llegar tarde o por no recoger los juguetes o no hacer la tarea. Me sentí pequeña nuevamente, como si hubiese hecho algo malo.

-Emma responde- alzó la voz.
-¿Cuál era la pregunta?- alce la mirada.
-¿Con que derecho ese tal Gabriel toca tu puerta a estas horas de la mañana a invitarte a cenar?-
-Con el derecho de que es un amigo, lo conozco desde que me mudé-
-¿Has tenido algo que él?
-¿Qué? ¡No!-

Guillermo estaba totalmente fuera de sus casillas, veía como sus manos sujetaban con fuerza el respaldar del sofá, se levantó y se acercó a mí. Yo me quede inmóvil, mi respiración se cortaba. Lo tenia cara a cara.

-Guillermo…- murmure.
-No quiero que ese chico vuelva a hablarte ¿ok? No quiero que vuelva a tocar tu puerta, ni que le vuelvas a hablar-

¿No volver a hablarle? La situación había cambiado, el ambiente con él así se pone demasiado tenso. Me faltaba el aire. Yo quería a Guillermo, pero no iba a dejar de hablarle a Gabriel, con este chico nunca paso nada ni pasará nada.

-No- dije.
-¿Qué?-
-Que no Guillermo, Gabriel es mi amigo, MI AMIGO, no dejaré de hablarle por tus celos absurdos-

Sus ojos se abrieron, estaba molesto, podía sentir como su mirada penetraba a la mía, él era el fuerte, yo… me hacía la fuerte.Colocó sus manos contra la pared, yo estaba en medio, frente a él, su respiración era fuerte y agitada, como si hubiera corrido una maratón, las arrugas alrededor de sus ojos se pronunciaron más.

-No quiero que nadie se te acerque entiéndeme-
-No puedo entenderte, si esas son tus reglas para estar contigo, mejor dejémoslo aquí-
-No quiero perderte Emma-
-Yo tampoco Guillermo, pero no cambiare mi vida por ti-

Su mirada cambió, sus ojos se aclararon, volvieron a ser tiernos. Apoyó su frente en la mía, sus manos dejaron la pared para posarse en mis hombros, su respiración cambió.

-Emma ¿Qué has hecho conmigo?-
-Lo mismo te pregunto-
-Bésame-


Lo besé. Me beso. Nos besamos. Me puso contra la pared con tanta fuerza que me dolió, pero ignore ese dolor, lo sentía apasionado, con más ganas, su respiración volvió a cambiar, sus labios dejaron los míos para ir por mi cuello, como un vampiro sediento, subieron a mi oreja y ahí enloquecí, mi manos arañaban su espalda, él me estrujaba, volvió a posar su frente con la mía.


-Tú y yo, nadie más ¿ok?- dijo agitado, casi susurrando.

Volvió a besarme con fuerza, me quito la blusa, le quite la camisa, levanto mi pierna izquierda y se pegó más a mí, podía sentirlo, recorrió mi cuerpo con sus labios, me levanto y me tiro a la cama. Estábamos otra vez desnudos, frente a frente, él encima de mí y cambiando… Era la primera vez que lo sentía así, con tanta garra, con tanta pasión. Volvieron a tocar la puerta.

sábado, 19 de abril de 2014

Encaje negro, sexy...

Me mire por última vez en el espejo, no me reconocía, era otra. Practique mis poses sexys: la mirada, el tono de voz, lo que iba a decir o hacer. Para el toque final me puse zapatos de taco los cuales hacían juego con la lencería. Parecía sacada de una película porno que había visto alguna vez.

Salí del baño, el cuarto estaba perfectamente alumbrado por las velas, la cama estaba cubierta por sábanas y almohadas de color blanco, dejé la puerta del balcón semiabierta para que entrara un poco de aire, la cortina (blanca también) se movía suave, como danzando, trataba de imitar sus movimientos. Abrí una botella de champagne, la puse en una cubeta con hielo, dos copas al lado, todo eso sobre la mesa de noche. 

Respire hondo, disfrutaba del silencio hasta que tocaron la puerta, era Guillermo.

-¿Emma? ¿Estás ahí?-
-Está abierto, pasa-

Guillermo entro algo nervioso, yo estaba sentada en el sofá de cuero que había colocado estratégicamente para que se vea desde la entrada. Me acerque a él lentamente sin dejar de mirarlo a los ojos, roce suavemente mis labios con los suyos, lo senté en el sofá jalándolo de la corbata.

-Emma- dijo casi suspirando.
-No digas nada-

Me senté, lo tenía entre mis piernas, desarmé su corbata mientras le susurraba –bésame– de manera que mis labios seguían rozando los suyos, sin permitirle que lo haga. Lo tenía desesperado, sentía como su pulso se aceleraba. Intentaba tocarme, no dejaba que lo haga, estaba totalmente bajo mi control.

Lo lleve a la cama, seguía entre mis piernas, sentía como su cuerpo despertaba, le quite la camisa; él no dejaba de mirarme.

-Déjame tocarte- dijo agitado.

Puse mis dedos en su frente y lo acosté, empecé a moverme suave como la cortina, me estire dejando que mis pechos estén cerca de su cara, serví el champagne, jugué con la copa, la pase por mi cuerpo como si fuesen sus manos.

-Déjame tocarte Emma-

Agarre sus manos y las puse en mis caderas, él apretaba, su respiración se hizo más fuerte, mi piel comenzó a despertar, sus manos siempre lograban ese efecto. Empecé a moverme rápido, sintiéndolo con más fuerza, me sentía amada, me sentía suya, lo sentía mío; completamente mío.

-Un placer coincidir contigo, mi amor- dije suspirando.

Me eche a su costado, él volteo a verme, no dejaba de acariciarme.

-No sabes cómo me tienes- dijo agitado, mientras me besaba, por fin.

Sentir su lengua por mi cuello me enloquecía, su respiración en la oreja me estremecía. Ahora era yo la que no quería tocarlo, solo quería sentirlo. Sus manos volvieron a tocar el punto exacto, gemí. Mirándolo a los ojos me movía en dirección contraria a los movimientos que hacía con sus manos. Me quito la poca ropa que llevaba.

-Estas preciosa Emma-

No podía más, con la mano derecha le quite el pantalón, podía ver lo loco que lo tenía, lo mire a los ojos y lo besé. Él me agarro y me puso sobre él, recordé la cortina nuevamente, y me moví, el empezó a agitarse cada vez más…

Cambiamos, él tenía el control, dejaba que hiciera lo que quisiese conmigo. En cada roce, beso y caricia me perdía, me olvidaba de todo, hasta de esa maldita carta. Guillermo perdió el control, hicimos cosas que nunca había hecho con alguien, ni en mis mejores sueños.

Terminamos entre gemidos y gritos, en sudor, en pasión, con ganas de seguir. Las velas se apagaron solas, nos dejaron en la oscuridad, solo sus ojos podía ver. Me acomode en su pecho, sus latidos se hicieron más lentos, me dio un pequeño beso en la frente.

-Emma…- susurro.

 Nos dormimos.

La alarma me despertó. Eran las ocho, Guillermo seguía dormido, me volví a acurrucar en sus brazos, no quería levantarme, me abrazo fuerte.

-Buenos días princesa-
-Buenos días…-

No quería decirle “mi amor” o “cariño” no quería darle un apodo amoroso, no después de ver ese mensaje.

-¿Quieres un café?-
-Si ¿Qué hora es?-
-Son las ocho, tenemos tiempo-
-Yo puedo entrar a la hora que quiera ¿tú?-
-Llamare a Laura y le diré que llegaré un poco tarde-
-No vayas-
-¿Cómo?
-No vayas, quedémonos aquí, vamos a pasear, a caminar, pasemos el día juntos-
-¿Juntos? ¿Todo el día?-
-Sí ¿No te agrada la idea?-
-Me encanta la idea pero ¿No sería muy sospechoso?-
-¿Qué?-
-Tú faltas, yo falto, después del intercambio de regalos se escuchan rumores sobre ti, sobre mí, sobre nosotros-
-Pues que hablen, no me importa, igual ya deberían de hacerse la idea-
-¿La idea? ¿De qué?-
-De que estamos juntos-
Sonreí en mi interior, si quería que todos ya se “hiciesen la idea” de vernos juntos como una pareja el mensaje que le mando su ex no significaba nada para él. Y si no, por qué esa noche estaba pasado de copas en su oficina ¿Por mí? ¿Por ella? ¿Lo que paso anoche lo hizo cambiar de opinión? No lo sé. Estaba feliz.
-Pásame el celular-
-¿Para qué?-
-Llamare a Laura, le diré que no iré-
Guillermo fue a la ducha, termine de hacer la llamada, me puse una bata y fui a la cocina, prendí la cafetera, el celular de Guillermo estaba sobre la mesa, empezó a sonar…
Llamada entrante: María Vargas.

Era ella.

martes, 15 de abril de 2014

Maldita carta

Guillermo aún dormía cuando por fin desperté, me puse su camisa y fui por dos cafés, no me preocupaba si venia alguien pues es sábado - nadie viene los sábados- dije. Me estire, cubrí a Guillermo con una colcha que tengo siempre en la oficina por si debo amanecerme allí. Nada lo despertaba y aunque estaba feliz por lo que ocurrió anoche, aún tenía la intriga por saber que lo ponía en ese estado, me parecía muy extraño haberlo encontrado pasado de copas en su oficina escuchando a Juan Gabriel mientras hacía los coros.

¿Se acordara de lo que paso anoche? Me senté en su silla, me sentí la dueña, tenía el poder en ese instante. Hasta que Guillermo comenzó a despertarse.

-¿Emma?-
-Hola ¿dormiste bien?-
-Sí, muy bien-

Me lanzó una sonrisa, la computadora estaba prendida así que decidí buscar algo de música para hacer un poco más ameno el ambiente.  Me acerque a él dándole un suave beso en la frente, él me agarro de la cintura, le di su café y volví al escritorio.

-¿Qué hacías tan tarde aquí?

Recordé que anoche me quede porque esperaba la respuesta al mensaje que le envié.

-Ya te dije, tenía que terminar unas cosas-

Mientras Guillermo iba al baño aproveche en entrar en su correo para borrar dicho mensaje. Lo que encontré me dejo boquiabierta, rápidamente borre el mensaje que le envié y apague la computadora. Fui al sofá y trataba de entender lo que había visto,  no podía. Guillermo regresó e intento besarme, lo esquive,  recogí mi ropa y fui a mi oficina a cambiarme. Fue detrás de mí.

-¿Te pasa algo?-

No sabía que decirle. Sabía que si respondía iba a decir alguna tontería.

-¡Emma responde! ¿Qué te pasa?-

Termine de cambiarme, le di de manera brusca su camisa. Salí casi corriendo de la empresa, estaba agitada, me faltaba el aire, no creía lo que acababa de leer.

Guillermo se quedó fuera de mi departamento toda la noche. No pude dormir, tenía mil dudas en el corazón, me quede sentada en una esquina de mi cama con las piernas encogidas, con la mente en blanco, en la oscuridad podía  recordar la noche anterior, las caricias de Guillermo, todo él, todo lo que iba a perder ¿Perder? No estaba tan segura de que fuera mío, no después de ese mensaje.

Nueve de la mañana, Guillermo ya no estaba, decidí salir a correr, a despejar la mente. No pude, cada palabra de esa maldita carta me perseguía:

"Hola mi amor, sé que tienes mucho trabajo no quería interrumpirte, pero si decirte que Flavio y yo te extrañamos mucho, y queremos que ya estés con nosotros aquí. De nuevo agradecerte por esta segunda oportunidad, prometo no fallarte, te haré feliz, me harás feliz, nos haremos felices los tres como una familia. Te amo ya quiero que estés aquí"

¿Mi amor? En qué parte de toda esta historia comenzó ese "mi amor", semanas atrás me decía que ella no era nada, que solo le hablaba por el bebé, que no la soportaba ¿Que está pasando?  Llegue a casa, veinte llamadas perdidas de Guillermo, decidí contestarle, citarlo en el malecón donde nos conocimos, no le dije nada de lo que vi, espere a que él me diga algo; no lo hizo.

Apareció con dos cafés y una rosa, como pidiendo perdón.

-¿A qué se debe la rosa?-
-Siento que he hecho algo malo, te pido perdón si es así-
-¿Sientes?-
-Si, por cómo te fuiste de la oficina esta mañana ¿Qué paso?-
-Nada Guillermo-

Dejó la rosa en mi regazo y me abrazo con tanta fuerza que me olvide, por un instante, de esa maldita carta. Sus brazos grandes y peludos, tomé un poco del café, no le dije nada, él tampoco me dijo nada, no lo haría.

-¿Acabará esto algún día?- pregunte
-Preciosa, lo que tenemos no puede acabar-
-¿Por nada?-
-Por nada princesa, tú y yo; solo nosotros-

“Solo nosotros” si le digo del mensaje ese “nosotros” puede terminar, lo puedo perder, mi cabeza estalló de tantos pensamientos a favor y en contra. Me paré bruscamente, deje el café en la banca, prendí un cigarrillo y caminé sin decirle nada. Me grito.

-¡Otra vez haces lo mismo! ¿Qué te pasa?-

Voltee a mirarlo.

-Te espero en el departamento- le dije, botando el humo y derramando una lágrima.


Sus tiernos ojos cafés se prendieron, como si le hubiera gustado la propuesta. Llegué primero, apague las luces, prendí un par de velas, me puse una de las lencerías que Alessa me había regalado por joda, no tenía motivo ni ocasión para usarlas; esta era perfecta.