Me quede muda por unos segundos, recorría su rostro con mis ojos casi a punto de llorar, trague saliva y me puse valiente. Esta mujer no podía intimidarme.
-Busco a Gui… al Sr. De Las Casas-
-Emma… Srta. Valverde ¿Qué la trae por aquí?-
-¿Trabajan juntos?-
-Sí, Tenemos que hablar algo del trabajo-
-Bueno los dejo-
Me miró desafiante, me barrió con sus grandes ojos
verdes. Me sentí pequeña. Se acercó a Guillermo, le dio un beso en la mitad de
sus labios, él no dejaba de mirarme.
-Solo vine por mi carro, no quería interrumpir-
-Te lo puedo llevar más tarde si quieres y
conversamos-
-¿Conversar? No tenemos nada de que conversar, las
cosas están más que claras-
-No es lo que piensas-
-¿Me das mis llaves? Mi amiga me está esperando-
-Ya te dije que te lo llevo más tarde, por favor
Emma-
Me hice la fuerte, no entendía que pasaba, qué
hacia esa mujer con él.
-Haz lo que quieras-
Le hice un gesto con las manos y subí al carro de
Alessa, él se quedó parado en la puerta esperando, quizás, a que me vaya. Me
eche en el asiento trasero, no llore, pero tenía ese nudo en la garganta que te
impide respirar bien, no dije palabra alguna, Alessa me dejo en mi casa, me despedí
de ella con una sonrisa fingida, sabía que le debía una explicación pero en ese
momento no quería hablar con nadie, solo quería estar en mi cuarto, en mi cama,
sola.
Sabía que sentía algo por Guillermo pero no pensé que
fuese tan fuerte, de alguna manera u otra me afecto ver a su ex esposa en su
casa y más cuando le dio ese beso. Oscureció. Ya no había luz en mi habitación
pero dé a pocos se iluminaba con la pantalla del celular cada vez que Guillermo
llamaba. Mi estómago sonaba por ratos, después de todo lo que paso no había comido
nada, y no tenía ganas de hacerlo.
Amaneció. Seguía en cama. El celular estaba
apagado, seguro se le acabo la batería por tantas llamadas, no lo recargue, no quería
saber nada de nadie. Me pare para abrir
las cortinas y ahí lo vi, mi carro ya estaba en su lugar, en el parabrisas había
un papel. Me puse la bata y baje a ver
que era.
“Querida Emma:
Estuve
aquí toda la noche, esperando a que salieras por tu balcón, creo que no estabas
en casa. No me atreví a entrar. Te dejo el coche pero no iba a ser tan tonto
como para dejarte las llaves en este pequeño sobre y menos sabiendo que después
de dártelas no sabré más de ti. Te espero hoy en donde miramos por primera
vez las estrellas.
Guillermo.”
Arrugue la carta con las manos, parte de mi quería verlo
pero la otra no, no quería ni pensar en él – Se quedó toda la noche por ti –
Me dije a mi misma. Volví a mi cama, pero no podía quedarme ahí sin
hacer nada, prendí la laptop y me puse a escribir las notas para la revista, no
dejaba de pensar en él.
Mire por la ventana, ya empezaba a oscurecer. Vanesa
me escribió al correo, quería que vaya a su casa a ver una película, le respondí
que no. Me puse un polo largo y zapatillas, camine un rato por el parque – Mis llaves
– pensé. Pare un taxi, ya estaba en Miraflores, fui hasta el lugar en donde estaría
esperándome Guillermo. No lo vi por ningún lado, había una pareja sentada en el
lugar donde él y yo estuvimos la primera vez. Mi celular estaba sin batería, no podía
llamarlo, me quede mirando el mar escuchando música.
Ya sentía frió, la pareja que estaba en “nuestro”
lugar ya se había ido, me senté a seguir esperándolo, bueno a seguir esperando
mis llaves. Me desparrame en el asiento como siempre, mire las estrellas y cerré
los ojos.
-Emma…-
Abrí los ojos rápidamente.
-¿Acabas de llegar?- me dijo en un tono suave
mientras se sentaba a mi lado.
-No- respondí cortante.
-¿Esperaste mucho?-
-Si ¿Me das mis llaves? Quiero irme-
-Estas molesta…-
-No, no lo estoy solo quiero mis llaves-
-Emma…-
- Sr. De Las Casas tengo mucho trabajo por hacer-
- ¿Señor? Ok. Si quieres no hables pero si vas a
escucharme-
Lo mire extrañada, no quería escuchar nada, no quería
que me enredara con uno de sus cuentos. Cruce los brazos y cerré los ojos, en
ese momento quería desaparecer.
-Srta. Valverde, Lo que vio hoy no fue nada-
-¿Hay más entonces?- interrumpí exaltada.
-Sí, pero no es lo que piensas. La mujer que viste
es mi ex esposa, no tengo nada con ella-
-Claro, ¿y qué hacía en tu casa?-
-Déjame terminar. Era el cumpleaños de mi mamá y quería
que Flavio este presente pero ese día le tocaba a ella estar con el bebé, mi
mamá la invito para ver a Flavio, solo por eso estaba en la casa-
-¿Y el beso? ¿También era parte de la celebración?-
-¿Qué beso? Voltee la cara cuando quiso hacerlo
Emma. Ella siempre hace eso-
-¿por qué se lo permites?
-No quiero que Flavio nos vea peleando, se asegura que el bebé este presente cada que
vez que hace cosas así. Emma yo quiero…-
-¿Me das las llaves?-
Me miro triste, bajo la mirada y saco las llaves.
-Toma-
-Gracias-
Tenía las llaves en las manos, jugaba con ellas, no
dijimos nada más. No quería irme, no quería dejar de verlo, de sentirlo cerca.
Baje la mirada hacia mis manos, Guillermo me acaricio la barbilla, me levanto
el rostro, estábamos tan cerca, necesitaba besarlo, dejar en claro que es lo
que siento por este hombre.
-Te llevo a tu casa- me dijo casi susurrando.
Asentí con la cabeza. Me dio un beso en la frente y
me agarro la mano.
-¿Tienes frió?- pregunto.
-Un poco-
-¿Quieres un café?-
-No te molestes-
-No es ninguna molestia Emma no digas eso. Vamos
por uno-
Caminamos de la mano ¿Qué pretendía? ¿No dejarme
ir? De todas formas iba a llevarme a mi casa, sentía un cosquilleo en el estómago,
empezaba a creer en las mariposas que se sienten cuando uno está enamorado,
luego me acorde que no había comido nada desde ayer.
-Tengo hambre- dije temerosa
-¿No has comido nada hoy?-
-Ni ayer-
Se detuvo y se paró en frente de mí.
-¿Por qué no haz comido?-
-Porque no tenía hambre-
-¿Solo por eso?-
-Si Guillermo, solo por eso. Si no quieres
acompañarme, puedo irme sola-
-Yo sé que puedes irte sola, pero no quiero que lo
hagas-
Volvió a agarrar mi mano, caminamos hacia un
restaurante. Comimos casi en silencio, él me hacia reír con uno que otro chiste.
De pronto el café se convirtió en un buen vino, alumbrados solo por un par de
velas, apoye mi cabeza en su hombro y con mi mano acariciaba uno de los botones
de su camisa.
-Vamos a casa- me dijo mientras le daba un pequeño
beso a mi mano.
Subí a su carro algo mareada por el vino, me ofreció
una botella de agua, me la tome toda de un sorbo, me lanzo una sonrisa pícara.
En todo el camino no soltó mi mano, lo cual me gusto pero también me dio miedo,
estaba manejando y el carro no es automático. Llegamos a mi casa con vida, lo
hice pasar, nos sentamos al pie de la cama, saque una botella de vino.
-¿Quiere emborracharme Srta. Valverde?
-Si no quieres se la puedo ofrecer al chico de la 203-dije alzando una ceja.
-¿A tu amiguito?-
-A ese mismo-
-Te acepto la botella, pero tendré que dormir aquí-
-¿Por qué?- dije sonriendo
-Podría marearme y así no puedo manejar-
-Bueno, no quisiera sentirme culpable luego. El sillón
esta libre para ti-
-Me parece bien-
Nos terminamos la botella. Lo abrace por el cuello,
le di un beso en la mejilla y me fui a la ducha. Cuando salí estaba viendo mis películas puso una. Mientras él se duchaba prepare un poco de popcorn, moví el sillón
para poder ver la película desde la cama, saque un par de almohadas más.
Guillermo salió con la toalla en la cintura, no tenía la más mínima idea de que
darle para que pueda dormir, entonces recordé que tenía una caja con la ropa de
mi hermano que nunca recogió, saque un buzo y un polo, le quedo perfecto.