Sigo con gripe. Estar en el balcón no debe de ser una buena
idea y menos con el cabello mojado. Los vecinos del frente me quedan mirando
¿Será por la pequeña bata que llevo puesta? En fin.
El día está nublado pero no hace frió. Que rico es estar en
el balcón, ver el cielo, tomar un café. Devolví las llamadas al número de la
otra noche, nadie contesto. Quise hablar con Lucia para saber cómo le fue, no
me respondió, creo que hoy nadie quiere hablar conmigo -Me haré un tatuaje- pensé,
llevo con esa idea desde los dieciséis, y aunque lo diga y piense no soy capaz
de hacerme uno por más que lo quiera. Doy vueltas con mi camioneta por el
parque, no sé a dónde ir o que hacer. Me entra una llamada…
-¿Hola?-
-Qué difícil es que atiendas el celular-
-¿Quién habla?-
-Emma, soy Guillermo-
-¿Dónde estás?-
-En Miraflores saliendo del trabajo-
-Ok. Voy para allá-
Hice una parada en mi departamento para sacar el saco negro
de Guillermo seguro para eso me ha estado llamando, bien le pude decir que
venga a recogerlo, pero no quiero aburrirme en mi casa, y que mejor distracción
que fumar un cigarro con él como la primera vez.
-Hola, estoy en la misma banca de nuestra primera vez-
-Enseguida voy-
Odio admitirlo pero su voz es muy sexy por celular.
Guillermo llego con dos cafés, me enamore, este hombre si presta atención a los
pequeños detalles. Yo estaba con un short y una polera, sentía frio en mis
piernas, las empecé a sobar para calentarlas, él se percató de su saco negro,
me dio las gracias y cubrió mis piernas. Es muy atento.
Guillermo saco un cigarro, me pregunto si quería uno, le
dije que sí. Me desparrame en el asiento como esa noche y mire las estrellas.
-Son hermosas en verdad-
Lo mire fijamente a los ojos, vi las mismas arrugas de esa
vez. Me quede mirándolo hasta que el cigarro quemo mis dedos, grite, es más
creo que hasta dije una lisura, él se sorprendió y no aguanto las ganas de reír.
Vio mi cara de disgusto y me abrazo rápidamente. Tiene unos brazos muy grandes.
Grandes y peludos.
-¿Te llevo a tu casa?-
-No te preocupes vine en carro-
-¿Manejas?-
-Si ¿Por qué?
-Es que eres tan pequeña y tierna que no te veo manejando-
Sostenía su saco mientras caminábamos, era mi manera de
decir –No te vayas – pero tenía que hacerlo tarde o temprano. Me agache para
amarra mis zapatillas.
-¿Cuál es tu carro?-
-La camioneta ploma-
-Ya la vi. No me dijiste que tenías enamorado-
-¿Enamorado?-
Me levante rápidamente y lo vi. Era Francis, se acercó a
nosotros con una apariencia desafiante.
-Emma- Dijo en un tono serio.
Guillermo volteo a verme, yo agache la mirada, se despidió de
mí. Otra vez olvido su saco negro. No entendía que hacia Francis ahí y menos
porque tenía esa actitud. No le hable, simplemente continúe con mi camino, él
me seguía. Ya estaba dentro del carro y Francis seguía ahí.
-¿Quién era él?
-Eso no te importa-
-¿Estas saliendo con él?
-No te metas en mi vida Francis-
Cerré la puerta muy molesta. Francis me gritaba, las
personas empezaron a voltear y mirarlo, que vergüenza. Encendí el carro y me
fui. Llegue a casa sin ánimos de nada, me metí a la ducha con todo y ropa. Salí
desnuda del baño, me prepare un café y me senté en el balcón. Si, desnuda, ya
no me importaba nada. Prendí un cigarro y puse música, vi el saco negro de
Guillermo sobre mi cama, me lo puse y me abrace, que pensara de mí después de
esa tonta escena de celos por parte de Francis. Mi vecina vuelve a tocar mi
puerta, le hago caso y bajo el volumen. Me acuesto en mi cama, me acurruco con
el saco negro de Guillermo, pensado en sus grandes y peludos brazos.
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