Me mire por última vez en el
espejo, no me reconocía, era otra. Practique mis poses sexys: la mirada, el
tono de voz, lo que iba a decir o hacer. Para el toque final me puse zapatos de
taco los cuales hacían juego con la lencería. Parecía sacada de una película
porno que había visto alguna vez.
Salí del baño, el cuarto estaba
perfectamente alumbrado por las velas, la cama estaba cubierta por sábanas y
almohadas de color blanco, dejé la puerta del balcón semiabierta para que
entrara un poco de aire, la cortina (blanca también) se movía suave, como
danzando, trataba de imitar sus movimientos. Abrí una botella de champagne, la
puse en una cubeta con hielo, dos copas al lado, todo eso sobre la mesa de
noche.
Respire hondo, disfrutaba del
silencio hasta que tocaron la puerta, era Guillermo.
-¿Emma? ¿Estás ahí?-
-Está abierto, pasa-
Guillermo entro algo nervioso, yo
estaba sentada en el sofá de cuero que había colocado estratégicamente para que
se vea desde la entrada. Me acerque a él lentamente sin dejar de mirarlo a los
ojos, roce suavemente mis labios con los suyos, lo senté en el sofá jalándolo
de la corbata.
-Emma- dijo casi suspirando.
-No digas nada-
Me senté, lo tenía entre mis
piernas, desarmé su corbata mientras le susurraba –bésame– de manera que mis
labios seguían rozando los suyos, sin permitirle que lo haga. Lo tenía
desesperado, sentía como su pulso se aceleraba. Intentaba tocarme, no dejaba
que lo haga, estaba totalmente bajo mi control.
Lo lleve a la cama, seguía entre
mis piernas, sentía como su cuerpo despertaba, le quite la camisa; él no dejaba
de mirarme.
-Déjame tocarte- dijo agitado.
Puse mis dedos en su frente y lo acosté,
empecé a moverme suave como la cortina, me estire dejando que mis pechos estén cerca
de su cara, serví el champagne, jugué con la copa, la pase por mi cuerpo como
si fuesen sus manos.
-Déjame tocarte Emma-
Agarre sus manos y las puse en
mis caderas, él apretaba, su respiración se hizo más fuerte, mi piel comenzó a
despertar, sus manos siempre lograban ese efecto. Empecé a moverme rápido, sintiéndolo
con más fuerza, me sentía amada, me sentía suya, lo sentía mío; completamente mío.
-Un placer coincidir contigo, mi
amor- dije suspirando.
Me eche a su costado, él volteo a
verme, no dejaba de acariciarme.
-No sabes cómo me tienes- dijo
agitado, mientras me besaba, por fin.
Sentir su lengua por mi cuello me
enloquecía, su respiración en la oreja me estremecía. Ahora era yo la que no quería
tocarlo, solo quería sentirlo. Sus manos volvieron a tocar el punto exacto, gemí.
Mirándolo a los ojos me movía en dirección contraria a los movimientos que hacía
con sus manos. Me quito la poca ropa que llevaba.
-Estas preciosa Emma-
No podía más, con la mano derecha
le quite el pantalón, podía ver lo loco que lo tenía, lo mire a los ojos y lo
besé. Él me agarro y me puso sobre él, recordé la cortina nuevamente, y me moví,
el empezó a agitarse cada vez más…
Cambiamos, él tenía el control,
dejaba que hiciera lo que quisiese conmigo. En cada roce, beso y caricia me perdía,
me olvidaba de todo, hasta de esa maldita carta. Guillermo perdió el control,
hicimos cosas que nunca había hecho con alguien, ni en mis mejores sueños.
Terminamos entre gemidos y
gritos, en sudor, en pasión, con ganas de seguir. Las velas se apagaron solas, nos
dejaron en la oscuridad, solo sus ojos podía ver. Me acomode en su pecho, sus
latidos se hicieron más lentos, me dio un pequeño beso en la frente.
-Emma…- susurro.
Nos dormimos.
La alarma me despertó. Eran las
ocho, Guillermo seguía dormido, me volví a acurrucar en sus brazos,
no quería levantarme, me abrazo fuerte.
-Buenos días princesa-
-Buenos días…-
No quería decirle “mi amor” o “cariño”
no quería darle un apodo amoroso, no después de ver ese mensaje.
-¿Quieres un café?-
-Si ¿Qué hora es?-
-Son las ocho, tenemos tiempo-
-Yo puedo entrar a la hora que
quiera ¿tú?-
-Llamare a Laura y le diré que llegaré
un poco tarde-
-No vayas-
-¿Cómo?
-No vayas, quedémonos aquí, vamos
a pasear, a caminar, pasemos el día juntos-
-¿Juntos? ¿Todo el día?-
-Sí ¿No te agrada la idea?-
-Me encanta la idea pero ¿No sería
muy sospechoso?-
-¿Qué?-
-Tú faltas, yo
falto, después del intercambio de regalos se escuchan rumores sobre ti, sobre mí,
sobre nosotros-
-Pues que
hablen, no me importa, igual ya deberían de hacerse la idea-
-¿La idea? ¿De qué?-
-De que estamos
juntos-
Sonreí en mi
interior, si quería que todos ya se “hiciesen la idea” de vernos juntos como
una pareja el mensaje que le mando su ex no significaba nada para él. Y si no,
por qué esa noche estaba pasado de copas en su oficina ¿Por mí? ¿Por ella? ¿Lo
que paso anoche lo hizo cambiar de opinión? No lo sé. Estaba feliz.
-Pásame el
celular-
-¿Para qué?-
-Llamare a Laura, le diré que no iré-
-¿Para qué?-
-Llamare a Laura, le diré que no iré-
Guillermo fue a
la ducha, termine de hacer la llamada, me puse una bata y fui a la cocina, prendí
la cafetera, el celular de Guillermo estaba sobre la mesa, empezó a sonar…
Llamada entrante: María Vargas.
Era ella.
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