sábado, 19 de abril de 2014

Encaje negro, sexy...

Me mire por última vez en el espejo, no me reconocía, era otra. Practique mis poses sexys: la mirada, el tono de voz, lo que iba a decir o hacer. Para el toque final me puse zapatos de taco los cuales hacían juego con la lencería. Parecía sacada de una película porno que había visto alguna vez.

Salí del baño, el cuarto estaba perfectamente alumbrado por las velas, la cama estaba cubierta por sábanas y almohadas de color blanco, dejé la puerta del balcón semiabierta para que entrara un poco de aire, la cortina (blanca también) se movía suave, como danzando, trataba de imitar sus movimientos. Abrí una botella de champagne, la puse en una cubeta con hielo, dos copas al lado, todo eso sobre la mesa de noche. 

Respire hondo, disfrutaba del silencio hasta que tocaron la puerta, era Guillermo.

-¿Emma? ¿Estás ahí?-
-Está abierto, pasa-

Guillermo entro algo nervioso, yo estaba sentada en el sofá de cuero que había colocado estratégicamente para que se vea desde la entrada. Me acerque a él lentamente sin dejar de mirarlo a los ojos, roce suavemente mis labios con los suyos, lo senté en el sofá jalándolo de la corbata.

-Emma- dijo casi suspirando.
-No digas nada-

Me senté, lo tenía entre mis piernas, desarmé su corbata mientras le susurraba –bésame– de manera que mis labios seguían rozando los suyos, sin permitirle que lo haga. Lo tenía desesperado, sentía como su pulso se aceleraba. Intentaba tocarme, no dejaba que lo haga, estaba totalmente bajo mi control.

Lo lleve a la cama, seguía entre mis piernas, sentía como su cuerpo despertaba, le quite la camisa; él no dejaba de mirarme.

-Déjame tocarte- dijo agitado.

Puse mis dedos en su frente y lo acosté, empecé a moverme suave como la cortina, me estire dejando que mis pechos estén cerca de su cara, serví el champagne, jugué con la copa, la pase por mi cuerpo como si fuesen sus manos.

-Déjame tocarte Emma-

Agarre sus manos y las puse en mis caderas, él apretaba, su respiración se hizo más fuerte, mi piel comenzó a despertar, sus manos siempre lograban ese efecto. Empecé a moverme rápido, sintiéndolo con más fuerza, me sentía amada, me sentía suya, lo sentía mío; completamente mío.

-Un placer coincidir contigo, mi amor- dije suspirando.

Me eche a su costado, él volteo a verme, no dejaba de acariciarme.

-No sabes cómo me tienes- dijo agitado, mientras me besaba, por fin.

Sentir su lengua por mi cuello me enloquecía, su respiración en la oreja me estremecía. Ahora era yo la que no quería tocarlo, solo quería sentirlo. Sus manos volvieron a tocar el punto exacto, gemí. Mirándolo a los ojos me movía en dirección contraria a los movimientos que hacía con sus manos. Me quito la poca ropa que llevaba.

-Estas preciosa Emma-

No podía más, con la mano derecha le quite el pantalón, podía ver lo loco que lo tenía, lo mire a los ojos y lo besé. Él me agarro y me puso sobre él, recordé la cortina nuevamente, y me moví, el empezó a agitarse cada vez más…

Cambiamos, él tenía el control, dejaba que hiciera lo que quisiese conmigo. En cada roce, beso y caricia me perdía, me olvidaba de todo, hasta de esa maldita carta. Guillermo perdió el control, hicimos cosas que nunca había hecho con alguien, ni en mis mejores sueños.

Terminamos entre gemidos y gritos, en sudor, en pasión, con ganas de seguir. Las velas se apagaron solas, nos dejaron en la oscuridad, solo sus ojos podía ver. Me acomode en su pecho, sus latidos se hicieron más lentos, me dio un pequeño beso en la frente.

-Emma…- susurro.

 Nos dormimos.

La alarma me despertó. Eran las ocho, Guillermo seguía dormido, me volví a acurrucar en sus brazos, no quería levantarme, me abrazo fuerte.

-Buenos días princesa-
-Buenos días…-

No quería decirle “mi amor” o “cariño” no quería darle un apodo amoroso, no después de ver ese mensaje.

-¿Quieres un café?-
-Si ¿Qué hora es?-
-Son las ocho, tenemos tiempo-
-Yo puedo entrar a la hora que quiera ¿tú?-
-Llamare a Laura y le diré que llegaré un poco tarde-
-No vayas-
-¿Cómo?
-No vayas, quedémonos aquí, vamos a pasear, a caminar, pasemos el día juntos-
-¿Juntos? ¿Todo el día?-
-Sí ¿No te agrada la idea?-
-Me encanta la idea pero ¿No sería muy sospechoso?-
-¿Qué?-
-Tú faltas, yo falto, después del intercambio de regalos se escuchan rumores sobre ti, sobre mí, sobre nosotros-
-Pues que hablen, no me importa, igual ya deberían de hacerse la idea-
-¿La idea? ¿De qué?-
-De que estamos juntos-
Sonreí en mi interior, si quería que todos ya se “hiciesen la idea” de vernos juntos como una pareja el mensaje que le mando su ex no significaba nada para él. Y si no, por qué esa noche estaba pasado de copas en su oficina ¿Por mí? ¿Por ella? ¿Lo que paso anoche lo hizo cambiar de opinión? No lo sé. Estaba feliz.
-Pásame el celular-
-¿Para qué?-
-Llamare a Laura, le diré que no iré-
Guillermo fue a la ducha, termine de hacer la llamada, me puse una bata y fui a la cocina, prendí la cafetera, el celular de Guillermo estaba sobre la mesa, empezó a sonar…
Llamada entrante: María Vargas.

Era ella.

No hay comentarios:

Publicar un comentario