martes, 6 de mayo de 2014

Dos tazas de café amargo...

Prendí la radio, apague el teléfono de Guillermo y junto al mío lo puse en el cajón de la mesa de noche, me quité la bata camino al baño; abrace a Guillermo por detrás, acariciando su pecho, sus brazos, besando su espalda, él dejaba que mis manos recorrieran su cuerpo mientras escuchábamos Hate and love  de Jack Savoretti, volteo a verme con sus tiernos ojos cafés, me derretí.

-Me gusta esa canción-dijo
-A mí también-

Un profundo y largo beso nos mantuvo bajo las gotas de agua tibia que salían de la regadera, nuestros cuerpos estaban pegados, como imanes que no se pueden separar.

-Hoy nada nos separara- dije, mirándolo a los ojos.
-Nada ni nadie, preciosa-

Salimos de la ducha juntos, nuestras huellas de agua se quedaban en el piso de losa del baño. Empecé a secar mi cabello, desde la puerta veía como recogía su ropa, se puso el bóxer, estiro la camisa en la cama, lo mismo hizo con el pantalón. Termine de secarme el cabello.

-¿Pasa algo?-
-No… bueno si-
-¿Qué sucede?-
-La camisa-
-Ya veo, dámela la voy a planchar-
-No, como crees, yo lo haré-
-No es problema Guillermo, déjame hacerlo-
-Emma soy lo bastante grande como para planchar mi ropa, yo lo hago no te preocupes. Solo dime dónde está la plancha-
-Ok, señor grande se la voy a traer-
-No, dime dónde está yo la busco, sigue secándote, estas mojando todo el piso-  se ríe.
-Que especial se pone señor, la plancha esta en el closet, en una esquina-

Me dio un beso. Fui al baño a terminar de secarme, hice el típico ritual: cremas, loción, secadora. En la radio sonaba Todos me miran de Gloria Trevi, cantaba mientras terminaba de hacer todo el ritual.
Cuando Salí Guillermo seguía parado frente a la cama.

-¿Planchaste?-
-No encontré la plancha-
-¡Ay! Guillermo-

Camine hasta el closet.

-Aquí esta-
-¿Qué es eso?-
-Pues… es la plancha-
-¿Plancha? Sí, claro-
-Guillermo De Las Casas no me digas que nunca has visto una de estas-
-Déjeme decirte Emma Valverde que no, nunca eh visto eso, ni siquiera sé si es una plancha-
-Claro que sí. Dame tu camisa-
-¿Qué vas a hacer?-
-La voy a planchar-
-¿Con eso?-
-Sí, con esto, dámela-
-Toma-
-Mira… la camisa, el pantalón, los polos o lo que sea, lo cuelgas acá y con este cepillo planchas, es a vapor ¿ves?-
-Contigo descubro nuevas cosas, me gustas- me guiño el ojo

Mordí mi labio inferior cuando dijo – me gustas – tan solo el tono de su voz estremecía mi cuerpo. Y aunque todo parecía muy lindo, sabía que me estaba ocultando algo, y que como sea tenía que hacer que me lo diga, que me explique esa carta.

Luego de nuestro gracioso encuentro con la plancha, nos vestimos entre miradas pícaras y sonrisas confidentes. Tocan la puerta.

-¿Si?-
-Emma, soy Gabriel guapa-
-¿Gabriel?-

La mirada de Guillermo cambió, sus tiernos ojos cafés se oscurecieron, eran como dos tazas de café amargo, el más amargo del planeta. Abrí la puerta.

-Hola Gabriel-
-Emma guapa quería saber si quieres ir a cenar esta noche conmigo-
-A cenar… eh… bueno… es que…-
-Mi amor, ya estoy listo nos vamos- Interrumpió Guillermo, asomándose por la puerta y dándome un beso en la mejilla.
-Oh… ya veo que estas ocupada mmm… te veo otro día mejor, cuídate-
-Chau Gabriel- dijo en forma irónica Guillermo.

Cerré la puerta. Me dio pena el pobre chico, sé que quizás yo le he dado ‘alas’ para que piense que estoy interesada en él, pero ahora Guillermo tenía toda mi atención. Cuando voltee a verlo estaba sentado en el sofá de cuero, el mismo en el que hace unas horas yo tenía la situación bajo mi control y él no podía hacer nada más que solo sentir.

Ahora él tenía el control de la situación, veía la amargura en su rostro, la incomodidad de que aquel joven llamara a mi puerta para preguntarme si quería ir a cenar con él. Yo no tenía que darle ninguna explicación, pues Guillermo me ocultaba algo, me ocultaba a su ex, la carta... pero si le decía que había leído la carta me vería como una stalker-obsesiva-compulsiva, no podía permitirme eso. Estaba nerviosa.

-¿A cenar?- dijo disgustado.

No respondí, me quedé quieta frente a él mirando el suelo, recordé mis épocas de chibola, cuando mis padres me regañaban por llegar tarde o por no recoger los juguetes o no hacer la tarea. Me sentí pequeña nuevamente, como si hubiese hecho algo malo.

-Emma responde- alzó la voz.
-¿Cuál era la pregunta?- alce la mirada.
-¿Con que derecho ese tal Gabriel toca tu puerta a estas horas de la mañana a invitarte a cenar?-
-Con el derecho de que es un amigo, lo conozco desde que me mudé-
-¿Has tenido algo que él?
-¿Qué? ¡No!-

Guillermo estaba totalmente fuera de sus casillas, veía como sus manos sujetaban con fuerza el respaldar del sofá, se levantó y se acercó a mí. Yo me quede inmóvil, mi respiración se cortaba. Lo tenia cara a cara.

-Guillermo…- murmure.
-No quiero que ese chico vuelva a hablarte ¿ok? No quiero que vuelva a tocar tu puerta, ni que le vuelvas a hablar-

¿No volver a hablarle? La situación había cambiado, el ambiente con él así se pone demasiado tenso. Me faltaba el aire. Yo quería a Guillermo, pero no iba a dejar de hablarle a Gabriel, con este chico nunca paso nada ni pasará nada.

-No- dije.
-¿Qué?-
-Que no Guillermo, Gabriel es mi amigo, MI AMIGO, no dejaré de hablarle por tus celos absurdos-

Sus ojos se abrieron, estaba molesto, podía sentir como su mirada penetraba a la mía, él era el fuerte, yo… me hacía la fuerte.Colocó sus manos contra la pared, yo estaba en medio, frente a él, su respiración era fuerte y agitada, como si hubiera corrido una maratón, las arrugas alrededor de sus ojos se pronunciaron más.

-No quiero que nadie se te acerque entiéndeme-
-No puedo entenderte, si esas son tus reglas para estar contigo, mejor dejémoslo aquí-
-No quiero perderte Emma-
-Yo tampoco Guillermo, pero no cambiare mi vida por ti-

Su mirada cambió, sus ojos se aclararon, volvieron a ser tiernos. Apoyó su frente en la mía, sus manos dejaron la pared para posarse en mis hombros, su respiración cambió.

-Emma ¿Qué has hecho conmigo?-
-Lo mismo te pregunto-
-Bésame-


Lo besé. Me beso. Nos besamos. Me puso contra la pared con tanta fuerza que me dolió, pero ignore ese dolor, lo sentía apasionado, con más ganas, su respiración volvió a cambiar, sus labios dejaron los míos para ir por mi cuello, como un vampiro sediento, subieron a mi oreja y ahí enloquecí, mi manos arañaban su espalda, él me estrujaba, volvió a posar su frente con la mía.


-Tú y yo, nadie más ¿ok?- dijo agitado, casi susurrando.

Volvió a besarme con fuerza, me quito la blusa, le quite la camisa, levanto mi pierna izquierda y se pegó más a mí, podía sentirlo, recorrió mi cuerpo con sus labios, me levanto y me tiro a la cama. Estábamos otra vez desnudos, frente a frente, él encima de mí y cambiando… Era la primera vez que lo sentía así, con tanta garra, con tanta pasión. Volvieron a tocar la puerta.

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