jueves, 28 de agosto de 2014

Como la primera vez

Guillermo se quedó mirándome como si nunca me hubiera visto borracha, bueno, nunca me vio así, no tengo idea de cuantos tragos me tome con Alessa ni de como llegué a mi casa.

-Te llamo luego- dijo y colgó.
-Eso también me dijiste a mí y no lo hiciste, mentirosillo- empecé a reír
-Emma ¿estas ebria?-
-¿Yo? No ¿tú sí?-

Se quitó el saco y me cubrió, sus grandes y peludos brazos me abrigaron, con delicadeza me echo en la cama.

-Estoy bien déjame- dije molesta -Ya puede irse señor De Las Casas su mujer lo espera-
-Te serviré un café-
-No quiero nada, solo vete y déjame. Ya lo hiciste esta mañana no te costará hacerlo de nuevo-

Abrace la almohada mientras me abrigada con el saco de Guillermo el cual llevaba su perfume, cerré los ojos un momento. Guillermo me despertó de nuevo.

-Tomate el café Emma-
-No, déjame dormir-

Le di la espalda, me quedé profundamente dormida.

Al despertar me doy con la sorpresa de que Guillermo dormía en el sofá de cuero, no pude evitar sonreír pícaramente al recordar la cortina. Sin hacer mucho ruido prendí la cafetera, aún tenia puesto el saco de Guillermo, me senté en el suelo e intentaba recordar que cosas le dije a María, mil preguntas pasaron por mi cabeza, el sonido de la cafetera me devolvió a la cocina, me levante y Guillermo ya no estaba en el sofá de cuero – ¿Se habrá ido? – Me pregunte.

Escuche caer el agua de la ducha y eso me devolvió la tranquilidad, pensé que se había ido sin decirme nada, sin poder tener la oportunidad de explicarle lo que paso, aunque sabía muy bien que no tenía ni una sola buena excusa. Preparé dos cafés: Uno amargo y otro con leche. Así estamos esta mañana. Él imponiendo autoridad y, yo ligera, lista para defenderme pero dispuesta a renunciar a una posible victoria ante él.

Lleve los cafés a la cama, un escenario en donde ambos ganaríamos si quisiéramos reclamar algún tipo de premio. Cuando el agua dejo de caer mi corazón se detuvo por un instante, llegó la hora de enfrentarlo, de mirarlo a los ojos y decirle que lo sentía, que no era mi intención decirle lo que dije a María (aunque desconocía mis palabras de anoche). La puerta del baño se abrió y Guillermo salió con la toalla en la cintura, este hombre podía dejarme con la boca abierta sin hacer un esfuerzo, le di su café y se sentó a la orilla de la cama, sentía su distancia, no podía mantener la mirada. Se supone que la que debería no mirarlo o hablarle era yo, no él.

-Emma…- dijo en tono de susurro.
-Antes de que me digas algo, quiero disculparme por lo que paso anoche- lo interrumpí
-¿Te acuerdas de lo que pasó?-
-Siendo sincera no, por eso me disculpo, he de haber hecho algo muy feo para no acordarme-
-O haz debido de estar muy borracha-
-También-
-No quiero hablar de lo paso anoche. Ni en la tarde de ayer. Simplemente quiero olvidar que hubo un ayer-

Qué quería decir con “olvidar que hubo un ayer” ¿Se arrepiente de haber empezado algo conmigo? ¿Ya no quiere saber nada de su esposa? ¿Lo volveré a ver después de esto? Me quede mirándolo por varios segundos, confundida, sin saber que decir.

-Me gusta cuando te pierdes de esa manera, me recuerdas a la hermosa chica que conocí una noche mirando las estrellas-

La imagen de él en esa noche paso por mi mente como una fotografía. Lo recordaba, nos recordaba.

-¿Ahora no te parezco hermosa?- pregunte
-Siempre me parecerás hermosa-
-¿Borracha también?-
- jajaja Borracha aún más pequeña- me guiño el ojo

No mencionó a María, lo cual me pareció muy raro, se supone que había vuelto con ella. Pero esta mañana estaba conmigo, tomando un café semidesnudo en la orilla de mi cama. No vi prudente mencionar ese nombre, no por ahora si quería llevar la fiesta en paz. Guillermo se terminaba su café, yo me levanté y dejé mi taza en el lavadero, me  quité el saco y lo guarde en el ropero, pasé desnuda al costado de Guillermo para ir al baño, él seguía tomando su café.

Cuando salí del baño él ya estaba cambiado, listo para irse, lo mire e hice como si no estuviera, ya debía acostumbrarme a su ausencia. Me puse un jean y una polera, agarre mi celular, estuve a punto de llamar a Alessa.

-¿Ya estas lista?- preguntó Guillermo
-¿Lista? ¿Para qué?- pregunte muy intrigada
-Pensaba llevar a Flavio a comer y luego a la playa para que camine un rato ¿nos acompañas?-

Una ridícula sonrisa se apodero de mi rostro, no creía lo que acababa de escuchar, quería que lo acompañara a pasear con su hijo. Una chispa de felicidad recorrió mi cuerpo, sin pensarlo dos veces le dije que sí.

Subimos a su carro y recogimos a Flavio de la casa de sus papás, la mamá de Guillermo me miro seria, podía sentir como su mirada penetraba mis capas de felicidad, su papá por otro lado me sonrió y me habló como si me conociera de años. Flavio subió al carro y me dio un gran beso en la mejilla, me mostró los juguetes que había escogido para jugar en la playa. Eran demasiados.

-¿Te quedaras con nosotros toda la semana?- preguntó inocentemente
-¿Toda la semana? No lo sé- le respondí con dulzura pero más confundida que nunca, Guillermo no dijo que se quedarían toda la semana, pensaba en ir por mi carro para regresarme en la noche y no malograrle el paseo al pequeño Flavio.

Guillermo termino de conversar con sus papás, desde el carro podía ver la cara de molestia de su mamá y a su papá tratando de calmarla. Guillermo se despidió con un beso de su mamá y con un abrazo cómplice de su papá. Subió con una mirada de aventurero.

-¿Estás listo campeón?- le pregunto con entusiasmo  a Flavio
- ¡Sí!- respondió rebozando de alegría

Yo lo mire esperando a que me dijera algo. Encendió el carro y empezamos a movernos.

-¿Podríamos pasar por mi casa?- pregunte tímidamente
-¿No te quedaras con nosotros?- preguntó Flavio
-Si ¿No te quedaras con nosotros?- preguntó Guillermo

Lo mire sorprendida sin entender lo que me insinuaba.

-Sí, iremos a la playa, pero Flavio dice que se quedaran toda la semana y pensaba ir con mi carro detrás de ti para poder regresarme más tarde-
-¿Por qué harías eso?-
-Para que estén solo ustedes dos-
-Pero nosotros queremos que te quedes toda la semana con nosotros ¿no hijo?-
-¡Si, quédate, quédate!-
-Pero…-
-Nada de peros ya está decidido, el camper  está apartado toda la semana, tenemos la carpa por si queremos dormir fuera, podemos hacer una fogata esta noche ¿Qué dices?-

No podía creer lo que escuchaba, este hombre quería pasar una semana entera conmigo y con su hijo. Toda la semana, esa idea corría por mi cabeza como si estuviera en una maratón.

-Emma ¿Qué dices?-

Parpadee varias veces, lo miré, sonreí y con la vista en la carretera le respondí:

-No, no puedo-
-¿Por qué?- respondió asustado
-No traigo ropa para toda la semana- respondí y lo miré sonriendo


Los ojos de Guillermo brillaron, sus tiernos ojos cafés estaban sobre mí como la primera vez. Cuando el final de una historia y el comienzo de otra fue con un "¿Me da uno?".

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