miércoles, 10 de enero de 2018

Ellos

-1-
Aquí estamos de nuevo. Un nuevo año, un nuevo departamento y yo.

Después de mi renuncia a la revista, me dedique a la fotografía, una pasión que llevaba mucho tiempo dormida, mi relación con Guillermo me sirvió mucho con los contactos, pronto deje de tomar fotos en fiestas infantiles y empecé con las bodas. Hoy ya tengo un estudio fotográfico, contrato gente si es que la necesito, las producciones se han hecho más grandes y elaboradas.

A pesar del éxito de mi estudio, soy una fotógrafa del momento, no me gusta mucho el tema de “producir la foto” me gusta lo espontaneo, lo real, y siempre trato de transmitir eso con mi trabajo.

No volví a saber de J.V tampoco le dejé pista alguna pista de cómo encontrarme.

Aún después de tanto tiempo sigo pensando en él, si, en él. Su compañía volvió a surgir, mi ex secretaria me llamaba como loca para que regrese, que me necesitaban en ese puesto. Y realmente me preguntaba si la empresa me necesitaba o solo él quería verme. Me quedé con la duda.

Cuando necesitaba caer de nuevo en la realidad, bajaba al malecón, a la misma banca, solo me sentaba y sentía la brisa, a veces leía un libro, otras veces escuchaba música, otra simplemente cerraba los ojos y respiraba profundo.

-2-

-Guillermo… - susurré

Me desperté de un mal sueño. Corrí al baño y vomité. Me miré al espejo, estaba pálida, sudaba frío.
Me asuste. Calmé mis ansias, calenté un poco de agua y me senté a tomar un café. En dos horas tenía que estar en un evento familiar. Me bañé, alisté mis equipos y salí.

Un número no dejaba de llamarme desde ayer, nunca respondí.

Puse en Waze la dirección y llegué más temprano de lo normal, eso está bien pues puedo saber desde donde conseguir las mejores tomas. Era el aniversario de bodas de una pareja que llevaba más 70 años juntos.

-        -Que envidia- pensé

Los invitados empezaron a llegar. Ese número seguía llamándome, puse el teléfono en silencio y lo guardé, no tenía tiempo para tonterías.

Aunque dijeron que era un evento familiar el salón estaba lleno, había como 300 personas sin exagerar. Tenía suficientes fotos de los familiares y amigos, ahora me faltaba la feliz pareja. Me ofrecieron una copa de vino que acepte encantada. Mientras hacía tomas a los detalles, una joven entró gritando:

-       - ¡Ya llegaron! ¡Ya llegaron! -

Deje lo que estaba haciendo y fui directo a la entrada.


Ahí, justo en ese momento volví a sentir las náuseas. Empecé a sudar frío, mis piernas comenzaron a temblar. Eran ellos, los padres de Guillermo.

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