miércoles, 20 de septiembre de 2017

¿Tanto Emma?

Abandoné la casa que compartía con Guillermo, saqué todas mis cosas: de lo más grande hasta lo más pequeño. Era como si nunca hubiera vivido ahí.

Di un último vistazo a las habitaciones, a cada una de ellas. Me detuve un momento en nuestra habitación, pasaron por mi cabeza todos los momentos que pasé con él en esa cama, más allá del sexo, siempre fuimos Guillermo y yo.  Luego vinieron a mi mente noches en las que  dormí sola abrazando una almohada o mirando películas hasta quedarme dormida. Fruncí el ceño. 

Caminé por el pasillo rozando las paredes blancas con las yemas de mis dedos. Tenía unas ganas incontrolables de romper algo: un jarrón, un vaso, una taza...¡algo!  Respire profundamente y continúe mi solitario y silencioso camino hacia la puerta de salida...

En la recepción me esperaba Alessa, aunque hubiera preferido estar sola ella sabia que necesitaba estar a mi lado, tenia que hacerme sonreír, tenia que volver a ser yo. Estacionamos frente a mi viejo departamento, me quedé viendo a la nada por varios minutos... tenia la mirada perdida, la mente en blanco, el corazón revuelto, los sentimientos en algún lugar dentro de mi... o fuera.

Entramos y se me hizo un nudo en la garganta, la ultima vez que estuve aquí Guillermo me tenía abrazada por detrás, el pequeño Flavio empacaba sus juguetes, no todos, dejamos algunos con la promesa de regresar por ellos, no regresamos, todo paso tan rápido que ya ni recuerdo cuando volví a sonreír.

Alessa se quedo hasta las siete de la noche, se hubiera quedado a dormir pero de un modo sutil y amable le dije que me dejara sola. Me dejó en la cocina caldo de pollo y café pasado, como si estuviera con gripe. Le agradecí y cerré con llave cuando se fue, apagué las luces, quería silencio, queria oscuridad, quería un momento para pensar, para desahogar todo y dejar...dejar todo en el pasado.

No lloré, me prometí no hacerlo. Solo me quede ahí, en medio de la oscuridad sin pensar, o si, pero sin prestar atención a mi mente revuelta. Se me hacía un nudo en la garganta cada vez que se me cruzaba Guillermo por la mente, mi corazón daba un pequeño salto de emoción cada vez que escuchaba que un carro se estacionaba cerca, pendiente (quizás) de que suene el intercomunicador y sea él.

Ya eran las cuatro de la mañana cuando por fin regresé a la realidad, quité todo lo que estaba encima de mi cama, todo menos el saco... si, el saco negro. Lo coloque cuidadosamente al lado izquierdo de la cama, me eche a su costado, lo miré, lo rozaba suavemente con los dedos.

-¿Tanto Emma?- pensé

Me levanté y sacudí todo: deje caer fotos, ropa, juguetes, recuerdos, el saco...

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