-Está sufriendo. Deberías decirle que aún lo amas. Dijo Allison
-¿Para qué? Él no sabe lo que eso significa. Respondí
-¿Para qué? Él no sabe lo que eso significa. Respondí
Guillermo me habló claro y sincero por primera vez, creo. Esta mañana después de hacer el amor con la intensidad y lujuria que nos caracteriza, lo sentí diferente. Es como si la rutina, la falta de peligro, el sentido de ser una "familia" lo aburriese, como si tratara siempre de buscar un escape. Dejarme en medio de la habitación...sola.
Maria consiguió la custodia de Flavio. Guillermo peleó con todo lo que tenía a la mano. Pero era como si todo ya estuviese dicho, era inutil.
Él sufría pero yo también, y eso no lo entendía. Se refugiaba en nuestros cuerpos cada noche y durante el día andaba moribundo, empezó a fumar más seguido y se terminaba una botella de whisky en su oficina cada sábado después de ver a Flavio.
La empresa empezó a sentir la ausencia del jefe. El año pasado estuvieron a una cifra de estar en bancarrota.
-Te amo- le dije mirandolo a los ojos mientras apagaba su cigarrillo.
Y pensar que hace años un cigarrillo nos unió en la banca del malecón.
Él no respondió a las palabras clichés que se dicen las parejas para cuando quieren iniciar una incómoda conversación.
Se quedó mirando su vaso de whisky semi lleno, como si buscara las palabras que quería decirme. Lo miraba como...quizás, esperando que aquel vaso hablará por él.
Después de un incómodo y eterno silencio opte por dar media vuelta, solo ahí me agarró el brazo con tanta fuerza que me dolió, se paró y me abrazó, buscaba consuelo, palabras de aliento. Callé. Mi cuerpo permaneció quieto durante todo el tiempo que duró el abrazo. Me soltó y volvió a sentarse.
Todo siempre en silencio. Y aunque no hubieron palabras más que un -Te amo- en el aire que nadie guardó, entendí el mensaje... Agarre mi cartera, mi saco y caminé firme hacia la salida, no sin antes dejar sobre el escritorio las llaves de la casa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario