viernes, 17 de abril de 2015

Castaña siliconeada

Creí estar mareada por el vino, el tono de llamada retumbaba en mi cabeza, voltee a ver al hombre que sujetó mi hombro, era Francis. Guillermo no dejaba de llamarme, decidí contestar solo para decirle que tenía compañía y colgué.

Francis se sentó en el asiento vacío frente a mí, como si lo de "tengo compañía" lo había dicho por él. Lo mire con una expresión que no disimulaba mi mal humor y el poco interés que tenía de siquiera hablar con él. Sin darle tiempo para decir algo levante la mano llamando al mozo pidiendo la cuenta, Francis no dejaba de mirarme, debo admitir que me puso nerviosa, el mozo llegó con la cuenta, pagué de más y salí casi corriendo del restaurante.

Francis me siguió por detrás. Guillermo volvió a llamar. Me sentía en un laberinto sin salida. Un ratón destinado a dar vueltas en una rueda de entrenamiento sin parar. Llegué a mi auto y vi a Francis parado frente a él, realmente no sabía que quería este hombre y por qué su afán de perseguirme. El teléfono volvió a sonar:

"Llamada entrante: Guzmán, Francis"

-¿Qué? ¿Francis? Pero si Francis está parado frente a mí- pensé, levante la vista y Francis ya no estaba.

-¿A dónde se fue? ¿Y por qué llama?- dije alterada subiendo al carro.

-¿Por qué no me contestas?- dijo un hombre en el asiento trasero casi gritando. Un frío recorrió mi cuerpo, miré por el retrovisor.

-¿Guillermo? ¿Qué diablos...-

Desperté de un salto y me caí de la cama, no recuerdo en que momento me dormí, me revise de pies a cabeza comprobando que tenía toda mi ropa puesta — ¡bien! es casi imposible que haya pasado la noche con alguien— pensé.

Me levanté del suelo y fui al baño, abrí la llave de la ducha y dejé caer el agua fría. Sin pensarlo dos veces me metí, di otro salto por el cambio de temperatura y agradecí que todo aquello fuese tan solo un sueño.

De pronto volví a escuchar el teléfono sonar, seriamente pensé en cancelar mi plan o en perder "accidentalmente" el teléfono, no reconocí el tono —No es Guillermo— susurre.

-Dime Alessa ¿qué pasó?- dije sin ánimos.
-¡Huevona! Vámonos de shopping paso por ti cuando salgas del trabajo ¿ok? Nos vemos-
-No. Alessa. Espera...- colgó

Lo que faltaba, mi querida mejor amiga quería ir de shopping, otra caminata por Miraflores ¡Que divertido! Dije sarcásticamente.

Ya eran las seis de la tarde, Alessa iba a llegar en cualquier momento, decidí esperarla fuera del edificio.

Ocho y media de la noche. Alessa no llegó nunca y no se le ocurrió siquiera mandar un mensaje de texto, estaba muy enojada con ella, recogí mis cosas y fui directo a mi camioneta. El teléfono empezó a sonar, era un número que no tenía registrado y supuse que era Alessa, contesté.

-Huevona a la próxima que te acompañe tu gil, no me vuelvas a llamar-
-Emma...-  dijo una voz masculina.
-¿Si? ¿Con quién hablo? -
-Soy Guillermo...-
-¡Ah! Hola... ¿Qué paso?- dije desinteresada
-¿Puedo pedirte un favor?-
-uhmmm ok, dime pero rápido que estoy ocupada- mentí
-¿Recuerdas la playa del camper?-
-¡Como olvidarlo!- dije sarcásticamente
-¿Puedes pasar por nosotros? -
-¿Nosotros? ¿Quiénes?-
-Mi hijo y yo-
-¿Y tú carro?-
- Te explicó cuando vengas ¿Vienes?-
-Ok. Estoy ahí en lo que dure el tráfico-
-Gracias-

Guillermo sonó muy calmado, cansado y estresado, pude notar algo de amargura en su tono de voz. Puse primera y fui directo a la playa. Me extrañó mucho que me llamara a mí y no a sus papás o a la castaña siliconeada de su ex esposa.
Cuando llegué Guillermo estaba cargando al pequeño Flavio, me pidió que no hiciera ruido y echo a Flavio en el asiento trasero, cerró la puerta y volteo a verme.

-¡LA ESTÚPIDA SE LO LLEVO TODO!- grito.

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