Guillermo
se encontraba en medio de nosotras, de manera que entre los tres formábamos un
triángulo. María tenía la cara pálida como si hubiese visto un fantasma y yo,
yo estaba con la frente en alto disfrutando esa escena.
-¿Qué
haces aquí? - dijo María.
Guillermo
no respondió, solo la miró y se acercó a mí.
-Es
mejor que te vayas Emma- me dijo casi como un susurro.
Me
quede paralizada ante su reacción – ¿Por qué me llamó y me dijo que lo esperara
si me iba a decir eso?– esa pregunta no dejaba de dar vueltas en mi cabeza.
Guillermo
se alejó de mí, la miró a María y le abrió la puerta trasera del Audi, ella
entró victoriosa, llevando con su mano el cabello hacía atrás para que bailara
en el aire mientras entraba al carro. Guillermo volvió a mirarme, asintió con
la cabeza y subió al auto. El Audi negro dio retroceso en dirección al camper.
Seguía
sin entender lo sucedido, pase de ser la ganadora a ser la perdedora en este
mal juego de ajedrez, en donde la reina (María) rodeada de peones logra
zafar y ganar.
Eran
casi las siete de la noche cuando por fin llegué a mi departamento, me di una
ducha rápida con agua fría para despejar la mente, me miré en el espejo y no me
reconocía. Era yo pero, sentía que no lo era.
Me
acosté en mi cama, abracé una de las almohadas y me dormí.
Tenía
permiso para faltar lo que queda de la semana al trabajo, pero si me quedaba en
casa no lograría sacar la escena de Guillermo subiendo al Audi con María.
Sacudo la cabeza bruscamente en un fallido intento de borrar esa imagen. – ¿seguirán
en la playa? ¿María habrá dormido con Guillermo anoche? –
Laura
me trajo el desayuno a la oficina, y aunque no había comido nada desde anoche
no tenía hambre. Me pasé la mañana corrigiendo los textos que Laura me pasaba,
ya eran las dos de la tarde cuando tocaron a mi puerta.
-Adelante-
-¿Sra. Valverde?-dijo el joven mensajero.
-Señorita- afirme con una sonrisa que disimulaba mi mal humor.
-Disculpe, tengo un paquete para usted-
- ¡Ah! Sí, claro. Adelante ¿Quién lo envía?-
-El señor Guzmán-
-¿Sra. Valverde?-dijo el joven mensajero.
-Señorita- afirme con una sonrisa que disimulaba mi mal humor.
-Disculpe, tengo un paquete para usted-
- ¡Ah! Sí, claro. Adelante ¿Quién lo envía?-
-El señor Guzmán-
Esas
palabras provocaron en mí un sentimiento agridulce, no entendía el porqué del
paquete. Ni siquiera sabía que era, y me daba temor abrirlo. Despedí al joven
mensajero cortésmente y deje el paquete en mi escritorio. Me quede
mirándolo varios minutos tratando de adivinar su contenido o la ocasión. No era
mi cumpleaños y no veo a Francis hace más de dos meses.
Laura
entró a mi oficina sin tocar la puerta.
-¿Está
todo bien Señorita?-
-Si...eh...no...-
-¿Pasa algo con el paquete?-
-No, nada, creo-
-¿Ya vio qué es? El chico que lo trajo dijo que era muy importante que usted lo recibiera personalmente-
-¿Así? No, aun no lo he abierto. La verdad no me gusta mucho el tema de desenvolver cosas- mentí.
-Ah ya veo-
-¿Te gustaría abrirlo? -
-¿Cómo? No señorita es de usted-
-Sí, pero no me entusiasman los regalos. Ábrelo-
-Está bien-
-Si...eh...no...-
-¿Pasa algo con el paquete?-
-No, nada, creo-
-¿Ya vio qué es? El chico que lo trajo dijo que era muy importante que usted lo recibiera personalmente-
-¿Así? No, aun no lo he abierto. La verdad no me gusta mucho el tema de desenvolver cosas- mentí.
-Ah ya veo-
-¿Te gustaría abrirlo? -
-¿Cómo? No señorita es de usted-
-Sí, pero no me entusiasman los regalos. Ábrelo-
-Está bien-
Laura
se veía realmente emocionada por abrir ese paquete, se notaba por el brillo en
sus ojos. Creo que ya sé que regalarle por su cumpleaños.
Cuando
terminó de sacar el papel de encima se podía apreciar una caja blanca, no tenía
nombre, ni marca, ni nada. Le dije a Laura que levantará la tapa, me sonroje
cuando vi el contenido, despedí rápidamente a Laura y cerré la puerta con
llave.
Saqué
el papel de relleno que había encima de la ropa que deje esa mañana en su
departamento. Estaba todo: mis pantalones, mi blusa y mi ropa interior, pero
había algo más, una nota:
"Encontré esto
debajo de mi cama. Me trajo muchos ricos recuerdos. Espero que también tengan
ese efecto en ti. Te dejo mi número al reverso. Llámame, me gustaría
verte.
Francis."
¿"Ricos
recuerdos"? Yo solo puedo recordar lo asustada que estaba por despertar en
una habitación que no conocía y desnuda. Francis sí que sabía ser inoportuno.
Llegué
a mi casa con un gruñido en el estómago, después de todo no había comido nada
desde anoche. Decidí salir a cenar sola, en estos momentos no hay mejor
compañía que yo. Me puse un vestido sencillo, zapatos de taco y me delinee los
ojos.
Manejé
sin rumbo por varios minutos, casi una hora, buscando el lugar perfecto para
cenar. Doy la vuelta en una esquina y estaba al frente del restaurante en donde
Guillermo y yo almorzamos una vez. Estacione el carro y bajé. Este era el lugar
perfecto para cenar sola.
Pedí
una ensalada de entrada, amo la vinagreta, pollo al horno y un postre.
Para suerte mía me sentaron en la misma mesa en donde Guillermo y yo comimos esa vez. Me sentía sola. Llamé al mesero y le pedí una botella de vino.
Para suerte mía me sentaron en la misma mesa en donde Guillermo y yo comimos esa vez. Me sentía sola. Llamé al mesero y le pedí una botella de vino.
Ya
estaba en la quinta copa cuando un hombre puso su mano sobre mi hombro, y mi
teléfono empezó a sonar. Por un lado estaba Francis y por el otro Guillermo de
las Casas.
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