Han
pasado tres meses desde la última vez que vi a Guillermo. Nuestro paseo a la
playa fue algo que no olvidaré, y me gustaría volver… pero sola, sin él.
Llegamos
al camper que tiene en Punta Hermosa, es grande, muy espaciosa, parece una
casa, tiene dos baños, la habitación principal, dos habitaciones extras donde
duermen el pequeño Flavio y sus abuelos…mis suegros, una cocina más grande que
mi baño; cada cuarto tiene un televisor e Internet ¡Ah! y una carpa afuera por
si alguien quiere desconectarse de todos esos lujos.
-Podemos
dormir en la carpa si quieres- dijo Guillermo
Alcé
la mirada hacía sus ojos cafés, estaban hirviendo, y me di cuenta que dormir no
estaba en sus planes.
-¿Por
qué no? Y miramos las estrellas con el
bebe- dije, matando todo tipo de ilusión.
Sus
ojos se entibiaron. Saqué mi ropa de la pequeña maleta que había llevado. Guillermo
entro al cuarto y se tiró en la cama, algo así como "un saco de
papas" me reí de solo imaginarlo.
-¿Qué
es tan gracioso?- preguntó
-Nada-
dije, y seguí acomodando la ropa.
-¿Por
qué has traído tanta ropa?
-Para...
¿estar limpia?-
-Emma,
es la playa, no un club, puedes estar en ropa de baño todo el día y noche si
quisieras-
-Lo
sé, pero tu hijo está con nosotros-
-Eres
muy cuidadosa ¿no?-
-No,
pero tampoco quiero darle una mala imagen a Flavio-
-Esta
bien. Hoy haremos una fogata-
-¿En
serio?- dije sorprendida
-Si
¿no te gustan?-
-Eh...
si, claro-
-"Eh...si,
claro" no era la respuesta que esperaba-
-Perdón
es solo que nunca hice una fogata o estuve cerca de una-
-¡Genial!-
-¿Qué?-
-Sí,
es genial que sea tu primera vez en una fogata, más si es conmigo- dijo y guiñó
un ojo
Salió
de la habitación tarareando una canción, lo note feliz. Aún no tenía en claro
que papel protagonizaba en este paseo a la playa, me sentí bajo el reflector
varias veces, más cuando María lo llamaba para preguntar por Flavio.
Me
puse un bikini blanco, mis pechos parecían salirse de el y mi poto se veía más
grande de lo normal, me puse el pareo en forma de vestido, amarre mi cabello y
salí descalza del camper. Guillermo estaba jugando con Flavio, hacían castillos
de arena, yo me quedé viendo esa escena de lejos, padre e hijo, busque mi
cámara y les tome muchas fotos – se las enseñaré en la fogata – susurré.
Decidí
dejarlos jugar. Caminé por la orilla sintiendo el mar en mis pies, la brisa en
mi cara, me sentí en casa, aunque no soy de ir a la playa, ese ambiente era
perfecto para mí. Cerré los ojos para sentir con cada uno de mis sentidos el
lugar. Guillermo me saco del trance abrazándome por detrás, podía sentir con
mis manos sus grandes y peludos brazos, sus labios recorrían mi cuello con
tiernos y pequeños besos, con cada uno de ellos me apegaba más a él, me deje llevar
por un instante.
-Estas
muy tapada ¿No tienes calor?-me dijo al oído
-Un
poco…-respondí casi sin aliento
-Vamos
a quitarte esto-
Coloco
mi cabello a un lado y de un tirón dejó caer el pareo.
-Me
gustas con el cabello suelto-
Me
quitó la liga y la lanzó al mar, mi cabello cayó de tal forma que tapaba mis
pechos.
-No
más ligas señorita-
No
podía dejar de mirarlo, puse mis manos sobre su pecho, él sujetó una y entendí
la invitación.
-Flavio
se fue a jugar con unos amigos- dijo
Mi
corazón latía cada vez más fuerte, su voz, sus caricias, todo él hacía que mi
cuerpo experimentará nuevas sensaciones. Me puso frente a la cama.
-Cuando
te vi en la orilla, solo podía pensar en estar a solas contigo-
No
podía decir palabra alguna, me sentía como hipnotizada.
-Solo
déjate llevar Emma-
Y
así fue, dejé que fuese mi titiritero, me controlaba con las yemas de sus
dedos, mi piel se erizaba cada vez que sus labios besaban mi espalda o cuando
me susurraba algo al oído. Inclino suavemente mi cuerpo y me despojó de todo –
Emma…– susurró, sus manos jaloneaban mi cabello, yo no podía resistir el
impulso de gemir, y comenzamos a enredarnos entre las sábanas.
Cuando
acabamos sentí que había bajado 5 kilos, estábamos llenos de sudor, asqueroso
ahora que lo pienso, pero muy placentero en ese momento. Fui a la ducha y me
quite toda la energía sexual que tenía encima, una suave sonrisa se dibujó en
mi rostro cuando Guillermo me dijo “amor” – ¿Ese es mi papel en este paseo? – Pensé.
Las
gotas de agua dejaron de caer y la tranquilidad desapareció. Guillermo estaba
fuera del camper gritando, enojado.
-¡ESCUCHAME!...
¡NO PUEDES HACER ESO!... MA… CALMATE- alcancé a escuchar.
Me
puse un polo largo y un short, salí y él
estaba furioso, tiró el celular contra el camper, se rompió.
-¿Pasa
algo?- pregunté de manera delicada
-¡NADA
EMMA!- gritó
-No
sé qué problemas tienes, y sinceramente no quiero estar en medio de ellos,
venir fue un error-
Si
él estaba molesto, yo estaba furiosa. Empacar la poca ropa que saqué me tomó menos
de un minuto. Guillermo seguía enojado, me vio salir y ni siquiera pudo
disimular el alivio que sentía al verme marchar.
Llegué
a la carretera con la esperanza de conseguir un taxi, un Audi negro se estacionó
frente a mí, la luna trasera se bajó, me sentí un cubo de hielo bajo el inmenso
sol cuando me di cuenta que la mujer que estaba dentro del carro era María.
Esta muy chula la historia, que forma parte de un libro q Ed una especie de diario ???
ResponderEliminarSi Meli es una historia contada en forma de diario! :3
EliminarCUANDO SALE EL SIGUIENTE CAPITULOOOOO????
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